Algunos jugadores se han dado a la labor de hackear o descubrir pasajes ocultos en juegos complicados y, muchas veces, compartirlos con sus compañeros en la red o incluso vender aplicaciones que ayudan a hacer estas pequeñas trampas; sin embargo, para las empresas este es un acto ilícito, que amerita ser castigado.

Un caso que fue dado a conocer recientemente destaca el arresto de siete individuos que vendían una “cheating app” (aplicación de hackeo) o promocionaban servicios proxy para el juego móvil de “Dragon Ball Z Dokkan Battle”.

Cabe destacar que, según el sitio Aasahi Shimbun, de los siete individuos detenidos, uno de ellos se encargó de la venta de la aplicación, otro estuvo detrás de la compra de la misma, el tercer implicado vendió información sobre el proxy a un sitio web, mientras que los otros involucrados estuvieron tras la adquisición de dicha información ilícita.

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La policía de la prefectura de Gifu, en Japón, también arrestó a otro individuo por proveer servicios de hackeo a través de un proxy y por recibir pagos dentro de la misma plataforma del juego.

El caso fue tan grave que, de hecho, prohibió la venta de sus “Summoning Tickets” y “Dragon Stones” en Brasil el pasado mes de septiembre, especialmente en cumplimiento con las medidas dictadas por la “Comisión de Gaming de Bélgica”, que prohíbe los juegos de azar o ventas de ítem no autorizados.

Ciertamente, este es un incidente que nos recuerda que las trampas se hacen pagar, incluso cuando se traten de videojuegos.