Uno de los conceptos más interesantes en la industria de los juegos, especialmente a la hora de hacer un análisis exhaustivo de un título en específico, es la cadena de sentimientos que este título pueda llegar a generar a medida que se juega.

Esto evidentemente viene unido al contexto que el jugador pueda traer a la hora de jugar, pero cuando un juego es lo suficientemente evocativo e interesante, te puede hacer querer seguir jugándolo, sin importar de donde se viene.

Don’t Escape: 4 Days in a Wasteland, del equipo Scriptwielder, es uno de esos juegos.

Presentación

Un paraje desolado presentado con la simpleza del pixel art

Cuando se consiste eminentemente de pixel art, un juego encontrará, casi universalmente, defensores y detractores. En Don’t Escape nos encontramos en un mundo reminiscente a aventuras de SNES, pero con una fluidez contemporánea.

El diseño de nuestro protagonista es agradable, con colores tenues y discretos, demostrando que su atuendo sirve más a la función que a la estética, un elemento que a veces se les escapa a los diseñadores de juegos de supervivencia.

Y ¿en qué clase de mundo es que estamos? En este juego nos encontramos en un desolado y apocalíptico mundo en donde interpretamos el rol de un superviviente en la búsqueda de un refugio para protegerse de una terrible nube de gas venenoso que se avecina lenta pero seguramente.

Un refugio ideal aparece frente a nosotros, pero es necesario hacerlo habitable

La premisa informa nuestra situación. Tenemos una cantidad limitada de tiempo en el que debemos buscar la manera de sobrevivir al gas, localizando un refugio, almacenar y distribuir recursos vitales y sobrevivir.

A nuestra disposición solo tenemos nuestras manos y nuestro ingenio para enfrentar a la muerte en un mundo desolado, y realmente toma muy poco tiempo el sumergirse en la historia y emplearse a fondo para hacer lo necesario para sobrevivir.

Uno de los elementos más elegantes que ofrece Don’t Escape es la posibilidad de seleccionar el estilo de letra del texto del juego, ofreciendo un estilo limpio y contemporáneo o una fuente de pixel art que encaja a la perfección con las gráficas. Es altamente recomendable tomar la opción de pixel art.

Interfaz

Debemos guiar nuestro camino con el mouse

Aunque existe una serie de atajos a través del teclado, este juego es prácticamente uno donde el mouse es el mejor amigo que podrás tener. Un point-and-click clásico que incorpora una movilidad al estilo del clásico Clock Tower (el inolvidable doble click para correr).

El manejo del inventario es sencillo, aunque tomará algo de tiempo acostumbrarse a jugadores modernos con la costumbre de manejarse con el teclado, al tener que arrastrar el objeto que nos hace falta a la posición a la que se le quiere llevar y hacer la acción requerida.

Una de las claves importantes del juego es la combinación adecuada de elementos a la hora de emplearlos, por ejemplo, convertir un tubo y una cabeza de martillo en un martillo funcional es una de las actividades esenciales de Don’t Escape.

En profundidad

El ingenio se pondrá a prueba para poder darle uso a estos objetos aparentemente maltrechos

A medida que vas jugando, el tiempo empieza a jugar su rol y a reducirse de manera constante. Cada actividad que se hace conlleva un tiempo de elaboración y de análisis. El revisar en detalle el estado de un automóvil consume 15 minutos.

Tras descubrir que ni el auto, ni la planta eléctrica que alimentan una prometedora casa que podría servir de refugio tienen combustible, es pertinente localizar una fuente de gasolina, pero primero se debe entrar en la casa y verificar su valor.

No hay llaves, por lo que hay que romper una ventana para entrar y encontrar las llaves. Una vez explorada la vivienda hay que ir por la gasolina, una oportuna señal que avisa que hay una estación de gasolina a varios kilómetros. Más tiempo invertido en viajar y en alcanzar ese destino.

Don’t Escape ofrece estas actividades de manera constante, con la amenaza cierta del gas letal que se aproxima a cada minuto y que sabemos que será el fin de nuestra vida si no estamos preparados.

Pero ¿estamos realmente solos en este desolado desierto?

Encontrar un mejor camino es la única manera de vencer al tiempo

Veredicto

Don’t Escape: 4 Days in a Wasteland es un juego de supervivencia al que es fácil acceder por lo directo de su escenario. La idea del mundo post apocalíptico se encuentra engranada en la cultura pop desde hace más de 40 años en distintas formas de entretenimiento.

El poder sumergirse en una historia utilitaria en la que cada acción cuenta en una cuenta atrás ante la muerte misma es una experiencia artística que Don’t Escape ha sabido formular de la mejor manera posible.

Sin embargo, no debe dejarse de lado que este juego representa un nicho especifico de jugadores y que puede ser algo incómodo para otros en muchos sentidos. Sus gráficas son simples, no incorpora elementos emocionantes ni a un protagonista cool o especial.

Acá no se encontrará a Lara Croft o a Geralt de Rivia, ni un mundo fantástico con escalas de gris, no hay poderes ni frases rimbombantes, solo un hombre con una mochila huyendo en el desierto.

Don’t Escape no va a cambiar la vida de ningún gamer, pero a los jugadores que disfrutan este tipo de experiencias y que aprecian el estilo simple e inmersivo de un juego, encontrarán una experiencia agradable que no olvidarán.