Una de las preguntas que suele rondar al medio de los videojuegos es la de que si son un arte en sí mismos. La respuesta corta es simple, sí, son un arte.

Pero con esto suele abrirse un fuerte debate que abarca los conceptos mismos de lo que significa ser un arte y como se correlaciona con una industria tan comprometida como los videojuegos. Por ende, se requiere elaborar una respuesta más detallada.

Para conceptualizar esta postura se debe partir como inicio en la definición más básica de lo que es el arte. Definido como cualquier actividad o creación que posea una finalidad comunicativa y estética, llamamos arte a cualquier cosa que subjetivamente consiga llenar esos puntos de vista.

La cuestión habita en unir este concepto con las ideas prevalescentes del mundo de los videojuegos, así como sus más comunes choques de oposición.

Visión interactiva

Los videojuegos han servido como una manera de expresión que busca comunicar una idea a través de la interacción directa con el individuo o con un grupo de individuos.

Como medio buscan que la persona se involucre, participe y se adentre dentro de una plataforma para generar una experiencia que sea única e indivisible para cada individuo (aunque, como en otros medios, el consenso entre las experiencias individuales es posible).

Su comparativo más común es el cine, como medio de creación de historias alternativas que el individuo puede ver y expandir su imaginación. Pero la interacción directa es lo que separa a una película de un videojuego, permitiendo la creación de una experiencia única.

Sin embargo, el elemento común de combinar elementos de literatura, pintura, música y film dentro de un videojuego conduce a ciertos cuestionamientos sobre la “pureza” de su designación como arte.

Experiencia vs Interacción

Probablemente uno de los opositores más populares de la visión de que los videojuegos son arte fue el afamado y laureado crítico de cine Roger Ebert, quien en una declaración pública expuso un punto de vista bastante controversial sobre este tema.

Para Ebert, más allá de sus reservas personales, los videojuegos esencialmente “rompían” la experiencia del arte. La interacción y la capacidad de intervenir en la historia era un elemento disruptivo a la experiencia que genera una historia con estructura.

Citando como ejemplo que Romeo y Julieta tendría la posibilidad de un final feliz si fuese un videojuego, lo que anularía todo el impacto de la obra de Shakespeare.

Aunque acepta que un videojuego pueda tener fines artísticos como una experiencia visual, Ebert insiste que al tener un objetivo que completar y un resultado final, no es una experiencia artística.

Gracias a las palabras del histórico crítico, muchos detractores de la idea de los videojuegos como arte se han hecho eco de sus palabras. Pero en muchos casos no lo han citado como una característica negativa.

Hideo Kojima comentó esta perspectiva en una entrevista, manifestandose de acuerdo con esta idea porque el trabajo de los videojuegos es diferente al de un artista, puesto que su aspiración y deseo es el de la satisfacción de todos los usuarios.

Mente corporativa

El expresidente de Disney, Michael Eisner, dijo una frase que bien puede definir el estatus de la industria del entretenimiento en pleno.

“No tenemos la obligación de crear arte. No tenemos la obligación de hacer historia. No tenemos la obligación de hacer un impacto. Nuestro objetivo es hacer dinero.”

Si le preguntamos a cualquier casa distribuidora, estudios desarrolladores y hasta a creadores indie, la respuesta iría más por el ámbito de que su intención final es la de alcanzar el éxito profesional y, en consecuencia, monetario.

Un videojuego es tan bueno como las copias que venda, a las personas que llegue y, en la actualidad, la cantidad de impacto que genere en redes sociales. Hoy por hoy un juego no es un juego si no tiene presencia en Twitch, YouTube o Twitter.

La mentalidad de cantidades es lo que hace que los videojuegos se hayan convertido en una industria dentro del ala del mundo del entretenimiento, donde el ser apreciados por su impacto es más importante que el de ser apreciados por sus otras cualidades.

Analizando estos puntos uno pudiera considerar que el decir que los videojuegos son arte es erroneo a fin de cuentas, pero entonces es momento de regresar al terreno conceptual.

https://www.youtube.com/watch?v=0Qzc4cqWaI8

Mente artística

Rainbow Rowell escribió, en su novela Eleanor & Park, probablemente una frase que también reduce nuestra discusión al punto más importante y temible de todos.

“Eleanor tenía razón. No era guapa exactamente. Emanaba algo artístico, y el arte no busca ser bonito; busca despertar tus sentimientos.”

Tomemos, como ejercicio, cualquier videojuego que hayamos tenido en nuestras manos en puntos específicos de nuestras vidas y juguemos nuevamente. Tendremos en nuestras manos una de las experiencias más nostálgicas de nuestro propio pasado que no podrían ser iguales a las de otros.

https://youtu.be/Wq7ReYOLrP0

El arte es individual, es una experiencia basada de manera inseparable de nuestro sentir y nuestro pensar. Como la fotografía, está congelada en un punto del tiempo donde la vivimos por primera vez, pero podemos repetirla.

Como el cine, podemos verla de manera incesante y reencontrarnos con el sentimiento de aquel primer impacto, pero en cada revisión podemos hacerlo tan diferente como deseemos.

Los videojuegos son una experiencia, visual, auditiva y mental, pero principalmente son una expresión de nuestras propias posibilidades dentro de nuestra creatividad.

Tal vez Romeo y Julieta si tendrían un final feliz si estuvieramos al frente de la historia, pero sería la historia de cada uno, construida a través de la interacción directa de cada persona.

No hay diferencia real entre querer vivir por un instante como un Witcher, un Dios de la Guerra, un Fontanero en un mundo mágico o un Entrenador de fútbol mundial, porque si un juego es capaz de despertar tus sentimientos, entonces un videojuego es arte.

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