Es común ver en el mundo de los videojuegos que existen aficionados que encuentran una peculiar afinidad con un título en específico, convirtiéndolo en su hogar particular.

Cuando empezaron a proliferar los juegos que ofrecían mundos abiertos para explorar, conocer e interactuar, fue cuando se desarrollaron historias más envolventes que demandaban un mayor nivel de participación del jugador en cuanto a los diálogos y eventos.

Este modelo que compañías como BioWare desarrollaron con sus juegos Neverwinter Nights y Knights of the Old Republic y evolucionaría en la serie Dragon Age tuvo un impacto trascendental en una de las historias modernas más importantes de la actualidad, The Witcher.

Un viajero cazador de monstruos

Ya no es desconocido para casi nadie quién es Geralt de Rivia, un Witcher que vaga por los parajes de los enormes Reinos del Norte en búsqueda de gente que necesite lidiar con criaturas y espectros.

El Lobo Blanco, el Carnicero de Blaviken y muchos otros apodos acompañan al aventurero en sus cabalgatas, teniendo como resultado que sea recibido con aprecio o que le echen a los perros para que se largue. Y es esa singularidad en los pueblos lo que le da interés a estos títulos.

Gracias a las baladas de Dandelion (Jaskier en la versión original), Geralt vive una extraña reputación de celebridad y a la vez de infamia, mientras sigue El Camino, la eterna labor de un Witcher.

Por supuesto, nada podía ser tan simple, al tener que lidiar con su rol en el destino de todo el mundo, al ser el responsable de la crianza de la última heredera de la Sangre Antigua, la jovencita conocida como Ciri.

Es esta conexión la que nos conduce a tener que conocer, lidiar y hasta combatir con las figuras más poderosas del mundo, los monarcas de los Reinos del Norte y hasta el mismísimo Emperador de Nilfgaard, el más poderoso enemigo del norte.

Devastación

Lo más impresionante de la serie de juegos de The Witcher, aparte de la consistente mejora en gráficas y mecánicas, es el avance que tiene el mundo a medida que pasa el tiempo.

La guerra entre Nilfgaard y el Norte comienza a finales del primer título y se cierra al final del tercero, con una devastación creciente en cada momento. Y cada una de las diferentes facciones políticas toman posturas y decisiones que dejarían ciego a cualquier fan de Game of Thrones.

Y es acá donde encontramos la referencia más importante y a la vez su principal diferencia en su manera de narrar la historia.

La narrativa del mundo de Game of Thrones está sustentada en mostrar como operan los líderes del mundo desde su pedestal de poder, mientras que la gente en escalones más bajos, tiene un conocimiento básico de las facciones y decisiones de estos líderes.

'The Witcher' hace gala de su potencial con un nuevo e impresionante tráiler

En The Witcher es notablemente diferente. Los monarcas juegan su juego de tronos, pero en el ojo público es prácticamente un juego indescriptible y sólo queda de manifiesto en los horrores de la guerra.

Desde la visión de Geralt, vemos como queda todo absolutamente destruido por donde pasan los ejércitos, con una prosperidad limitada en algunos casos. Y en las ciudades podremos ver pobladores tratando de llevar una vida normal y dando sus pareceres en sus quehaceres diarios.

En la variedad está el gusto

Aunque en muchos casos cada aldea puede parecerse a otra, resulta que se encuentran detalles que pueden llamar la atención. En algunos casos están tomadas por alguna facción o son solo simples moradores.

Algunas tienen más prosperidad que otras y, al acercarse o alejarse a ciudades, son más bien barriadas segregadas (los barrios de elfos en Novigrad por ejemplo). Mientras que la ciudad de Oxenfurt mantiene su aspecto de burgo de personas dedicadas a las letras y a los negocios.

Pero eso es solo en los territorios norteños que se nos presentan al inicio, porque el mundo es mucho más amplio cuando conocemos más. Las Islas de Skellige son un deleite de montañas y bosques tocados por la nieve, así como playas y un extenso más para navegar libremente. Los amantes de la cultura vikinga entenderían lo hermoso de este paraje.

Y, finalmente, la hermosa Toussaint. Un ducado que pertenece al imperio de Nilfgaard, es una tierra conocida por sus vinos, sus verdes prados y sus caballeros andantes.

La dedicación de Toussaint a la cultura de la caballería es impresionante y atractiva. No es broma cuando puedo admitir que Toussaint es un lugar en que quisiera vivir, y mucha gente estaría de acuerdo.

Los viñedos son igualmente importantes, tal y como lo expresa la Duquesa Anna Henrietta, al tener a muchos caballeros abriendo sus casas de vino una vez han colgado su espada. En la expansión Blood and Wine tenemos la oportunidad de dar este particular paso.

Anna Henrietta, como pago por sus servicios, otorga a Geralt el derecho de propiedad del viñedo Corvo Bianco, incluyendo materiales para un laboratorio de pociones para que Geralt pueda seguir con sus servicios en el territorio.

La idea de “echar raíces” para uno de los personajes más nómadas de la historia es impresionante y extraordinaria, y es algo a lo que nos gustaría llegar a todos en esta vida. Allí habita el que debería ser el gran final para nosotros, los héroes de nuestra historia.