Uno de los conflictos más longevos en la historia de los videojuegos es el de la Alianza y la Horda, en el gran universo de la saga Warcraft.

En su más reciente expansión, Battle for Azeroth, se ha puesto este conflicto en su máxima expresión, con las versiones actuales de la Alianza y la Horda luchando por la supremacía de todo su mundo.

Tras una extensa historia de batallas, escaramuzas y misiones secretas que han tenido lugar durante toda la expansión, en el estreno del parche 8.2.5 de World of Warcraft se ha puesto fin a esta gran cadena de misiones.

Tanto la campaña de la Alianza como la de la Horda parecen seguir un factor común: la urgente necesidad de lidiar con el problema que representa Sylvanas Windrunner.

La Reina Alma en Pena

La cabecilla de los Renegados fue promovida a Jefa de Guerra de la Horda por su predecesor Vol’jin, quien en su lecho de muerte le ordenó salir de las sombras y liderar a toda su facción.

Esto causó un particular estupor en la Horda, puesto que su visión es notablemente diferente a la que tenía Vol’jin y, era de suponerse que los tambores de la guerra sonarían pronto.

Una vez abatida la Legión Ardiente, la gran herida del mundo causada por el Titan Sargeras daría pie al descubrimiento de la Azerita, una fuente de energía que le daría a la Horda la ventaja necesaria para aniquilar a la Alianza.

Armados hasta los dientes, lanzan una brutal invasión a Teldrassil, hogar de los Elfos de la Noche y causan un horrible genocidio en nombre de la Horda. Varok Saurfang no aceptaría estas maneras y despertaría una rebelión en las entrañas de la Horda.

Con la Horda dividida, la Alianza redobla su fuerza en ganar el conflicto, uniéndose a la facción contraria a Sylvanas y alistándose a luchar en nombre de todo el mundo, eliminando a la Reina Alma en Pena.

El gran final

El episodio final de la campaña comienza con una impactante cinemática, comenzando con la reunión a todos los involucrados en el grupo dispuesto a la destrucción de Sylvanas, el Rey Anduin Wrynn de Stormwind se encuentra con Varok Saurfang, teniendo una conversación sobre sus problemas.

Ardenweald es la nueva zona del alpha de World of Warcraft: Shadowlands

No tienen suficientes soldados para capturar la capital de Orgrimmar, una rebelión muy pequeña, incluso con las fuerzas que puede traer Anduin, por lo que deben acabar rápido con Sylvanas o perecerán.

Anduin intenta convencer a Varok de que la Horda puede tener honor, pero este insiste que esta fue fundada en mentiras y huesos de niños muertos en el antiguo Draenor. El honor de la Horda es una mentira y sus diferencias con la Alianza no podrían ser reconciliadas.

Pero al final ambos se dan cuenta que los dos bandos están equivocados y que deben luchar por algo más importante, Azeroth.

La segunda cinemática marca el final, con el ejercito rebelde frente a las puertas de Orgrimmar. Varok y Thrall conversan sobre las posibles pérdidas de vidas, con lo que el viejo guerrero decide tomar el camino de la tradición.

Varok desafía a Sylvanas a Mak’gora, el duelo ritual a muerte por el liderazgo de la Horda. La importancia de este desafío es que no puede ser rechazado, aunque Sylvanas coquetea con la idea.

La poderosa Sylvanas supera con facilidad a Varok, pero en lugar de terminar rápido con la batalla, decide burlarse de él y provocarlo, cayendo en su trampa y recibir un golpe en su rostro.

Sylvanas arruina su liderazgo al decir que la Horda no tiene importancia y termina con Varok, anunciando que el mundo conocerá su ira en el futuro y, como ya es costumbre, termina huyendo.

Finalmente, la Alianza y la Horda llegan al entendimiento de honrar a Varok Saurfang y terminar, aparentemente con la Cuarta Guerra de Azeroth.

¿Qué pasará ahora en World of Warcraft? ¿Cuál es el destino de los Renegados ahora que Sylvanas los abandona? Son solo unas de las preguntas que ha dejado este importante evento que pone un punto decisivo en una de las más importantes expansiones en la historia de World of Warcraft.