Cuando se mira al director de cine J.J. Abrams podemos ver la realización absoluta del sueño perfecto del joven nerd norteamericano.

Con su estampa simpática de apariencia desarreglada pero cuidada, de abierta sonrisa y de fácil conversación sobre los temas que le apasionan, ha sido durante algo más de una década una figura gobernante sobre representaciones de la cultura geek.

Hoy Abrams luce como el heredero aparente del universo fílmico del blockbuster que Spielberg, Lucas y Cameron fundaron en los 70 y 80, tras haberse saltado una generación entera de directores que se enfocaron en sus pasiones propias (Quentin Tarantino) o que simplemente nunca tuvieron la capacidad de crear cinema de masas (Kevin Smith).

Pero, ¿cómo ha llegado a este punto? La filmografía y los proyectos que ha producido Abrams hablan de cierta calidad y estilo, pero también adolecen de una peculiaridad personal que parece estar atada a todo lo que este director puede crear.

Este elemento es la Mystery Box.

Un regalo de la infancia

Era el año 2007, tras el reciente estreno de su impactante blockbuster Mission Impossible 3, que no solo logró revivir una saga, sino que fue capaz de multiplicar su nivel de popularidad a niveles mucho mayores.

Ya reconocido por sus series televisivas Alias y Lost, Abrams era un director con un enorme potencial por explotar y la gente estaba ansiosa por conocer más de J.J. Abrams, y él no los decepcionó.

En una popular conferencia de TED, Abrams llevó al escenario una caja con múltiples signos de interrogación adquirida en Tannen’s Magic Shop que nunca ha abierto por más de 40 años.

Para el cineasta, esta caja es un recordatorio de las sorpresas que pueden hallarse dentro de un objeto misterioso, de las infinitas posibilidades que conlleva y de que el viaje es más importante que el destino.

De una manera u otra, esta caja que le regaló su abuelo ha sido la pieza fundamental de su proceso creativo, convirtiéndose en su carta de presentación en los proyectos que ha realizado, con variados niveles de éxito.

Tributos y licencias

No existe un mejor ejemplo para entender el estilo Mystery Box de J.J. Abrams que revisar la historia de Cloverfield. En el año 2008 se estrenó el film Cloverfield, una película que mezclaba elementos del género found footage con la clásica visión de kaijus devastando una metrópolis, desde la perspectiva de los sobrevivientes.

Pero toda la campaña publicitaria de este proyecto se condujo de manera viral, con portales web dedicados a pistas encontradas durante los adelantos que apuntaban a un film de Godzilla o incluso a uno de la serie Voltron.

Esta inflación de teorías fueron toda la campaña que necesitó este film para darse a conocer más allá de su potencial audiencia, pero terminó siendo exactamente lo mismo que se esperaba desde el principio.

El genio de Abrams empezó a crecer a partir de allí, al poder salirse con la suya con este tipo de ideas. Presentando ideas similares en el film Super 8, un gigantesco tributo a Steven Spielberg (otros lo llamarían de maneras menos halagadoras).

Pero todo cambiaría cuando Abrams sería seleccionado para el relanzamiento fílmico de la histórica saga de Star Trek.

J.J. Abrams, Primero de su Nombre, Rey de los Nerds

El consenso popular era que Abrams era el hombre perfecto para dirigir Star Trek, al tratarse de un cineasta que era capaz de canalizar las ideas originales de una serie y no incorporar cosas extrañas a su narrativa. No podían haber estado más equivocados.

Abrams aplicó la Mystery Box de manera gigantesca en este caso, al buscar sorprender a las audiencias con referencias a las películas antiguas al sustentarlas con que esta no era una historia nueva, sino una realidad alterna en la que las cosas pasaban de manera ligeramente diferente.

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La secuela, Star Trek II: Into Darkness, multiplicó las referencias al añadir a una nueva versión del legendario villano de la franquicia Khan, sin ninguna explicación real salvo que la de crear shock en los fans. Pistas y sorpresas y nada real con qué sostener una película.

Esto erosionaba su popularidad con aficionados, pero en la industria estaban tan enamorados de su estilo de filmación, que años después fue nombrado como responsable de la nueva trilogía de Star Wars, que continuaría tras los eventos de The Return of the Jedi.

De este modo, sin previo aviso, las sagas de ciencia ficción fundamentales de la cultura pop moderna, Star Trek y Star Wars, quedaban en las manos de un solo hombre.

Mystery Box vs Creatividad

El micromanejo de Kathleen Kennedy del destino de Star Wars ha sido sin duda una de las piezas que han hecho de los nuevos productos de esta serie tengan la dosis exacta de los elementos necesarios de todos los autores que han participado.

Pero esto no ha significado que Abrams no haya presentado sus cajas de sorpresa listas para que los fans exploren y se encarguen de hacer la publicidad de la nueva serie.

Star Wars: The Force Awakens está plagada de Mystery Boxes, potenciales historias con ideas alocadas o conceptos inusuales que hicieron imaginar a muchos que la serie iba en diversas direcciones.

Desde los Knights of Ren hasta la paternidad de Rey, pasando por el destino del sable de luz de Anakin Skywalker y el origen de Snoke, los aficionados predecían que todos estos puntos tendrían un clímax de una u otra forma.

Tantas ideas se invirtieron en estas pistas falsas que, cuando se estrenó The Last Jedi, todos acusaron a la secuela de haberle “fallado a la saga” por no haberle dado cumplimiento a estos plots falsos.

La fanaticada demostró en aquel momento un auténtico desconocimiento de que este siempre ha sido el modelo de J.J. Abrams. Ofrecer una sorpresa y, después de imaginar un universo de posibilidades, conformarse con la salida fácil.

Dueños de nada

Todo vuelva a la explicación de la charla TED de 2007, donde Abrams insiste que su proceso creativo se trata de enfocarse “en el viaje y no en el destino”. Pero esto tiene un problema fundamental.

La idea de ofrecer una Mystery Box es la de anunciar que se tiene una sorpresa preparada dentro del film y que esta va a romper con todas las predicciones del espectador.

El espectador espera el momento en que se devele la sorpresa, que la historia dé el vuelco monumental que cambie todas nuestras expectativas y es muy común que terminen en decepción.

El problema es que una sorpresa no puede anunciarse, no se puede ofrecer un objeto mágico que cambia todo lo anticipado y que sirva eficientemente como sorpresa al mismo tiempo. Pero, a J.J. Abrams le ha ido muy bien con este sistema, ¿cuál puede ser la razón?

Simple, la Mystery Box es la manera más ideal de vender y comercializar un film antes de su estreno. El genio de Abrams ha sido el de predecir la cultura de las filtraciones, rumores y teorías de fans a tal punto de que operen como campaña viral para una película y que se multiplique su efecto dentro de la industria, un microcosmos perfecto del marketing de cine.

A pocos días del estreno de Star Wars: The Rise of Skywalker, Abrams vuelve a la silla del director, y en sus más recientes tráileres ya ha mostrado suficiente material de Mystery Box como para que los fans puedan entender que las teorías que hagan son solo un poco de humo.