Un término empresarial parece ser la clave para una de las discusiones más fuertes en la industria de videojuegos, el Buyback.

Empiezan a surgir reportes de investigación de diversos medios, como The Washington Post que develan la práctica interna que los principales directores de las compañías más importantes de la industria realizan para asegurar sus fortunas.

Esto es: la compra y venta de sus propias acciones en la bolsa de valores a través de programas que ellos mismos desarrollan dentro de sus compañías.

El CEO de Activision Blizzard, Bobby Kotick, se ha beneficiado de la compra y venta de sus acciones personales por años.

La mecánica de los programas de Buyback se puso en la palestra pública en 2017 cuando el CEO de Activision Blizzard, Bobby Kotick, fue el principal beneficiario de la estrategia de venta de acciones de la compañía.

Un programa de amplio margen que buscaba atraer inversionistas a la industria de videojuegos con acciones “a bajo costo” fue la estrategia para asegurar una entrada personal de más de 180 millones de dólares.

¿Qué quiere decir todo esto? Que la estrategia del CEO de Activision para vender acciones se tradujo en una extensión de su fortuna personal con el uso de tácticas moralmente cuestionables.

Poderes de CEO

El reporte de The Washington Post apunta a que la estrategia de Buyback de las compañías de videojuegos es una estrategia relativamente común dentro de las dirigencias de empresas de alto presupuesto.

Crear promociones para inversionistas con acciones “en oferta” y luego volver a comprarlas en períodos bajos reporta una monumental cantidad de beneficios a los que se sientan en lo alto de la cadena alimenticia.

Como Kotick hay otros, Andrew Wilson, CEO de Electronic Arts, ha generado ganancias para si mismo de este tipo al beneficiarse de programas de Buyback de la compañía y es común ver a Strauss Zelnick de Take Two Interactive en prácticas del mismo tipo a lo largo de los años.

La participación de Andrew Wilson en programas de Buyback de EA ha sido defendida por la compañía como una estrategia no personal y que forma parte de su contrato.

Por supuesto, no son solo las cabezas sino sus trenes ejecutivos en pleno quienes sacan beneficios de estos movimientos, incluyendo su personal de finanzas, quienes se encargan de realizar las operaciones.

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Existen elementos a considerar con este tipo de prácticas. En primera instancia existe la presunción de acciones inapropiadas cuando una compañía hace comercio interno, que a pesar de que no es ilegal, es considerado por ciertas autoridades como sospechoso.

Seguido a esto, es el manejo arbitrario del valor de la compañía de parte de la compañía misma. En lugar de ser el mercado de valores quien determine que Activision, por ejemplo, es una compañía apropiada para invertir, Activision dispone cuando el inversionista es que debe invertir.

Robert Jackson, director de la Security and Exchange Comission de Estados Unidos, no es fanático de los Buyback, al considerarlos manipulación del mercado en beneficio de la dirigencia de una compañía, sin afectar directamente a la compañía.

¿Por qué es un problema?

Mientras los medios y la fanaticada estaban muy ocupados criticando y haciendo sentir sus voces sobre las decisiones de dirigencia media y baja de Blizzard en las últimas dos BlizzCon, las cabezas Activision Blizzard se estaban haciendo más millonarios con comercio interno.

Representantes de la industria insisten en que elementos como micropagos, cajas de botín y “mecánicas sorpresa” son necesarias para la industria, bajo la pretensión de que los videojuegos son “muy costosos de elaborar”.

Personas como Wyatt Cheng se han llevado el escarnio público de los gamers al ser injustamente señalados de decisiones corporativas.

Despidos masivos, cancelación de proyectos y cierre de estudios no son consonantes con una industria en la que sus cabecillas más notorios son cada vez más multimillonarios y deciden invertir cada vez menos ingresos en el trabajo que realizan.

Esta disonancia que la comunidad gamer no termina de ver, es la bola de nieve que comienza la avalancha de un proyecto cuya idea inicial es la de hacer un dinero que nadie de la industria, más allá de los CEO, terminan de ver al final del camino.