Aunque podemos separar los videojuegos en categorías y clasificaciones muy variadas, hay un universo de este mundo con un sabor muy particular, los juegos independientes.

Con una simplicidad que puede recordar a tiempos más inocentes, o bien con mecánicas que representan un golpe de innovación a una industria cada vez más numerosa, los indies siempre encuentran la manera de resaltar.

Explicar lo que es un videojuego indie es sencillo, pero la comprensión de este concepto llega a veces mucho después, al punto de que se ha creado una “estética” que rodea a este tipo de juegos para que sea imitada por estudios y corporaciones más grandes.

¿Qué es un juego indie?

La definición es simple: un juego independiente es un videojuego cuyo diseño, desarrollo y producción están elaborados por sus propios creadores, sin un patrocinante o un distribuidor intermediario.

Esto normalmente involucra e implica una serie de limitaciones en cuanto a las capacidades del juego mismo, así como su proliferación, publicidad y contacto final con los consumidores.

Por ende, estos juegos son normalmente asociados a proyectos elaborados por personas apasionadas por diversos medios como una expresión artística, una demostración técnica de sus habilidades o incluso un pasatiempo personal o grupal.

Por supuesto, a medida que las tecnologías han ido evolucionando con el paso del tiempo, las facilidades dentro del mundo de la programación han hecho más factible la posibilidad de que mentes creativas se den el lujo de darle vida a los videojuegos que sus corazones desean.

Inicios y transformaciones

Como todo en el mundo de la informática, los videojuegos surgieron como una modalidad de pasar el tiempo a través del uso de una interfaz tecnológica, elaborada por mentes creativas para demostrar sus habilidades.

Originalmente no se tenía pensado que realmente se podrían “vender” videojuegos salvo como un componente jocoso de sistemas operativos multiproposito, y los programadores solían elaborar juegos con este fin.

Pero la facilidad de crearlos y la demanda de las personas por un estilo de entretenimiento interactivo fue tal que se empezó a construir una industria a su alrededor, con empresas dedicadas a la creación de sistemas de juego.

A medida que la industria fue tomando una forma más y más corporativa, el desarrollo de juegos independientes de ese sistema se hacía cada vez más insular y específico, haciéndose conocidos solamente a través de conexiones personales muy limitadas. Pero la tecnología no se detiene.

Creando juegos como hobby

La época más extensa de vida de los videojuegos independientes comprende el año 1985, pasando por toda la década de los 90 hasta finalizar a inicios de 2005.

En este período se desarrollaron diversos elementos, grupos y sistemas para crear juegos utilizando herramientas preexistentes con el fin de despertar la creatividad de los aficionados.

Rumores apuntan la llegada 'Horizon Zero Dawn' a nuestros ordenadores

La revolucionaria Commodore 64 fue el primer escenario para este tipo de programas, con el clásico Activision Gamemaker, creado por Garry Kitchen, uno de los grandes pioneros de toda la industria. Con este programa se podían elaborar diversos tipos de juego que podían preservarse y ser jugados en la misma C64.

A pesar de lo rudimentario del sistema, la idea de crear herramientas para crear juegos fue una constante de diversas compañías, y ninguna lo llevó tan lejos como ASCII Corporation y su RPG Maker.

Como su nombre lo indica, RPG Maker es un juego donde puedes crear y desarrollar tu propio JRPG con múltiples elementos a disposición. Con el único límite de software restrictivo (entiéndase, que se acabe el material a disposición), se podían crear muchas obras de un gran valor.

Aunque la extensa generación de hobbystas siguieron desarrollando plataformas como Game Maker o MegaZeux, tenían un importante problema en cuanto a la preservación de sus obras, por lo que muchos grandes juegos se perdieron con el paso del tiempo.

Los indies irrumpen en el negocio

Todo cambió por completo a mediados de la primera década del siglo 21. Así como los sistemas operativos fueron evolucionando a pasos agigantados, los creadores de juegos estaban cada vez más libres en sus capacidades creativas.

Una generación entera de programadores se habían estado forjando en el fuego de los clásicos Activision Gamemaker y RPG Maker y ahora tenían las habilidades de hacer ellos mismos lo que quisieran.

Con su creciente presencia en plataformas como Steam, Itch.io y GOG para PC, el mundo indie empezó a tomar la forma que conocemos hoy en día, juegos con ambiciones artísticas, que, conscientes de sus limitaciones operativas, las adaptan para convertirlas en su mayor fuerza.

Videojuegos cada vez más fluídos y animados, con diseños más originales y la capacidad técnica para hacerlos entrañables le han dado una vida completamente nueva a un género que ha estado siempre presente sin entregarse a la industria.

Tal es su estilo que son las compañías quienes buscan a los desarrolladores indie para crear sus productos, presentando juegos nacidos de una pasión muy especial en un mercado invadido por títulos creados por ambición corporativa.

Hoy juegos como Dead Cells, Celeste o Hollow Knight son considerados como títulos a la par de bestias de alto presupuesto como Marvel’s Spider-Man o Red Dead Redemption 2, y siempre estarán allí para llenar un vacío que otros juegos no podrán nunca.