La afirmación del título no es fácil de sostener con argumentos objetivos, Killer Instinct es un juego de pelea de 1 vs 1 que se lanzó en noviembre del 2013 coincidiendo con el lanzamiento de la Xbox One. Sin embargo las desafortunadas declaraciones de Don Mattrick durante la E3 de ese año llevaron a que este reboot pasara completamente desapercibido para una industria demasiado ocupada en comprar una PS4 o una 3DS en 2013.

Sin embargo, no son los 29 luchadores, un modo online que funciona corre como la seda ni el modo Señores de la sombra lo que hace que Killer Instinct sea el mejor juego de lucha de la generación sino su constante tributo en forma de jugabilidad y banda sonora a su versión superior, el Killer Instinct para Super Nintendo lanzado en 1995.

La magia de Rare

Este título desarrollado por Rare fue el primer juego para muchos de los chicos que empezaron a entrar al mundo gaming a finales de los 90, entre los que me incluyo. Fue uno de los grandes juegos de Super Nintendo, salió de la nada para competir con Mortal Kombat y Street Fighter y el resultado era mucho mejor que ambas sagas.  Sin embargo, las razones por las que Killer Instinct me gustan son más bien personales, unas razones que se suman a todo lo bueno que ya hizo Rare con este juego.

Killer Instinct no fue el título que jugué pero sí el primero que fue mío, lo primero que probé fue Super Mario Bros en casa de un primo mucho mayor que yo. Me prestó el control y morí con el primer goomba sin siquiera dar un salto y obviamente más nunca le prestó el control a mi yo de 4 años que solo podía ver a los mayores jugar y vencer a Bowser.

El primer obstáculo de muchos.

Debí haber insistido mucho porque poco después mi papá llegó con una caja enorme con una Super Nintendo y un único juego color negro. Textos en inglés, nombres raros, un elenco compuesto por boxeadores, ninjas, agentes de la CIA, demonios, dinosaurios y alienígenas, y un proceso engorroso para hacer funcionar la consola en televisores sin entrada de video, pero no importaba, el resultado final era mejor que Super Mario Bros por mucho.

Así pasé las tardes jugando con Jago, Riptor, Sabrewulf y, en realidad todos los luchadores por igual. Sin embargo, el preferido fue Cinder porque era un hombre de fuego y eso es cool cuando tienes 4 años, o siempre. No disfrutaba yo solo, claro está, mi consola se volvió en el centro de entretenimiento máximo para todos los primos que “solo” tenían una NES, era el típico niño que había recibido de cumpleaños un PS4 mientras el resto tenía sus PS3 llenas de polvo.

Reuniones familiares inesperadas

Esto derivó en muchas tardes de sábados y domingos jugando en el modo torneo con primos cercanos y lejanos, tíos y padres sentados alrededor de un televisor que era el protagonista que todos veían. La Super Nintendo solo tenía dos controles pero yo sentía que nadie se quedaba sin jugar ni comentar lo que sucedía, éramos más de 10 hablando sobre animaciones increíbles y picándonos mutuamente por perder o ganar con el primo menor o mayor.

Ahora sé que la razón de la reunión no era solo el juego, solo un par de estos familiares sigue jugando y solo ocasionalmente. El juego era solo una buena excusa para reunirnos, pero qué buena excusa era, es imposible que ahora separe la felicidad de Killer Instinct y todos sus elementos, van de la mano para mí cuando recuerdo la sensación de compartir un hobby con toda la familia.

Luego llegaron más juegos clásicos como Super Mario World en donde hice mis “paces” con los Goombas o el Alladín de Disney y Capcom. Pero el cartucho de KI era el “seguro”, imposible no relacionar lo que veía en pantalla con buenas sensaciones. Además, como eran otros tiempos, fue un juego que me dejó muchas anécdotas.

El disco perdido

Para empezar vino con un disco original de la banda sonora compuesta por genios como Robin Beanland, Graeme Northgate, Eveline Fischer y David Wise, todos eran compositores que ya habían trabajado en Donkey Kong Country y que pusieron su talento para que cada escenario tuviera un tema y que cada personaje fuera relacionado con ciertos instrumentos. ¿Quieres saber cómo sonaría la mansión de un hombre lobo cuando está convertido en su lado salvaje? pues así.

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La banda sonora llegó en un CD (qué irónico tomando en cuenta la historia de la N64), y sinceramente me atemorizaban las canciones de algunos luchadores cuando tenía 4 o 5 años. Un día guardé el disco en un pantalón para evitar que me hiciera “algo”, tal como Joey guarda El Resplandor en su refrigerador en la serie Friends. Poco después lo fui a buscar y el disco se había partido a la mitad, craso error, ahora el disco vale mucho y ni siquiera puedo lucir que lo tenga guardado en algún lado.

El consuelo lo trajo Mick Gordon, el elegido por Microsoft para que realizara la banda sonora del nuevo Killer Instinct para Xbox One. Gordon es otro genio que ya hizo la banda sonora de DOOM (2016), pero antes probó suerte con este juego de lucha. Escuchar sus canciones es escuchar lo que ya era genial volverse aún mejor. Toda la banda sonora del juego se puede escuchar en Spotify así como en YouTube y la verdad es que cada tema produce nostalgia a cualquier jugador de Killer Instinct. El nuevo tema de Spinal es quizá el mejor de todo el juego.

 

Creciendo sin Rare y sin secuelas 

En algún momento tuve que dejar de jugarlo, llegaron otras consolas, otros juegos e incluso un Killer Instinct en Nintendo 64 que no se sentía igual, aunque intentamos que se sintiera igual cuando lo alquilábamos por unos días. Llegaron títulos objetivamente mejores y que me cautivaron también como Ocarina of Time o Metal Gear Solid pero nunca aparté a Killer Instinct de su puesto de mis juegos importantes, fue la puerta de entrada a toda la industria que conozco hoy.

Mi tributo fue comprar la versión de Steam (la que originalmente se lanzó en Xbox One) apenas tuve una PC para poder jugarlo. Es un juegazo, lo he jugado centenares de horas gracias a través Steam con cross play y escucho su banda sonora en Spotify casi a diario. Sin embargo, esto más que una review es algo más parecido a una carta de amor por la franquicia y, sobre todo, por el primer juego que hizo todo bien en su momento y que además lograba reunir a una familia de “no jugadores” con el único gamer de la casa.

Killer Instinct sigue siendo un recuerdo distante en la memoria de todos ellos, a veces me escriben para preguntarme si aún lo juego y me recuerdan su personaje favorito, porque cada uno tenía un favorito y un odiado. La verdad es que este título quizás haya sido el primer trabajo artístico al que le presté atención así que será difícil que olvide las largas sesiones de juego familiares y el descubrir Ultimates, Humilliations y Ultras nuevos por accidente y el correr a contarlo al primer familiar que encontrara para que intentáramos recrearlo sin éxito porque no habías guías o internet.

Desafortunadamente no se puede repetir el pasado, lo vivido ya pasó y dudo que podamos reunirnos todos a volver a hacer lo mismo. Sin embargo, yo me quedó con la experiencia de haber tenido tardes con seres queridos que recordaré siempre.

Por todo esto es que Killer Instinct es para mí uno de los mejores juegos de la generación, se apoyó en un juego que ya era genial y simplemente lo trajo a tiempos modernos. Dicho esto, ya va siendo hora de que Microsoft confirme una secuela o algo por el estilo, ya han habido numerosas campañas para ello. Y si Microsoft lo anuncia y el nuevo también tiene aunque sea una pizca del alma de la primera entrega, seré uno de los primeros en la fila de compra.