Con el final de la raid de Ny’alotha y la victoria sobre el dios antiguo N’zoth. World of Warcraft: Battle for Azeroth culmina su recorrido.

Ante la expectativa de lo que puede traer la expansión Shadowlands, el MMORPG más popular del mundo cierra una de las expansiones más grandes en cuanto a la diversidad de contenido que se haya visto.

Perfeccionando lo que dejó Legion en el pasado, BfA apostó en grande por una historia extensa en muchos frentes, que nos obligaba a jugar mucho más para tener todas las perspectivas.

Por ello, PlayerOne ofrece un vistazo en detalle a cada uno de los elementos que se pueden considerar fundamentales para hacer de Battle for Azeroth lo que fue y lo que dejará para el legado de World of Warcraft. Lo bueno, lo malo y todo lo que está en el medio.

Capítulo 1: Narrativa expandida

Battle for Azeroth fue definida por la presencia más grande de cinemáticas renderizadas, animaciones originales y eventos dentro del motor del juego que se hayan visto en cualquier expansión.

Con el fin de elevar la anticipación causada para cada uno de los sucesos dentro del juego, la historia se vio mostrada en un nivel de detalle nunca antes visto. World of Warcraft siempre mostró cinemáticas, pero nunca había hecho el trabajo de narrar una historia con ellas.

Por el nombre podemos darnos cuenta de lo más evidente, la guerra de facciones que tanto se ha temido toma por fin el frente de la historia. Las tensiones entre la Alianza y la Horda llegan a su punto de quiebre.

El catalizador del conflicto llega de parte de la misma Legion. En su último intento por aniquilar a Azeroth, el titán caído Sargeras clava su espada en el planeta, pudiendo evitar la destrucción únicamente con el poder que acumulamos para destruir a la Legion.

El efecto de esto es la Azerita, la sangre misma del mundo. Un nuevo recurso que se puede implementar como combustible de gran poder, llevando a Sylvanas Brisaveloz, Jefa de Guerra de la Horda a apresurar sus planes de batalla.

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La guerra

Una salvaje invasión del ejército de la Horda a la capital de los Elfos de la Noche, Darnassus, acabó con la destrucción del arbol del mundo Teldrassil y la muerte de miles de civiles.

Tamaño crimen no quedaría sin respuesta y Varok Colmillosaurio, campeón de la Horda, advertiría a Sylvanas: “vendrán por nosotros, todos”.

La guerra tomaría forma en los Reinos del Este, donde la Alianza consolidaría una formidable fuerza para aniquilar a Sylvanas y tomar el antiguo reino de Lordaeron, hogar de los Renegados.

Vencida en batalla, la Reina Banshee huiría, destruyendo su reino y negando la victoria de la Alianza. Del mismo modo, plantando semillas de duda en la Horda.

Esta historia es narrada en una gran cantidad de cinemáticas que van lado a lado con el gameplay del juego, haciéndonos sentir como parte de una historia épica que se va escribiendo con nuestras acciones.

Esta expresión de múltiples medios está presente en la mayoría de los enfrentamientos y luchas importantes del juego y han sido la parte más llamativa de esta historia desde que comenzó.

La historia de Varok Colmillosaurio junto con el rey Anduin Wrynn, el retorno de Thrall y la oscuridad de Sylvanas son una constante que nos rodea durante toda la historia.

Desde las sombras

Pero detrás de esta batalla se oculta una terrible amenaza, el advenimiento de imperios oscuros y de intenciones secretas que manipulan nuestros actos de manera constante.

El surgimiento de la reina Aszhara de las profundidades y el oscuro poder el Dios Antiguo N’zoth son la otra cara de la moneda de Battle for Azeroth.

Con la obligación constante de luchar por nuestras naciones, debemos mantener el rastro en nuestras batallas de la oscuridad que busca emerger y hacerse con el poder de la Azerita, de la cual hemos sido elegidos como guardianes.

La batalla por Azeroth no es sobre su conquista sino por su salvación final. Pero, ¿seremos capaces de hacerlo? Dependerá de nuestras habilidades en el juego.