A medida que los jugadores se acostumbraban al ritmo normal de World of Warcraft: Battle for Azeroth, se temía el regreso de un viejo enemigo.

Años atrás, la expansión Warlords of Draenor fue severamente criticada por su falta de contenido nuevo una vez se completaba la historia central del juego. Denunciando aburrimiento, la expansión sufrió peores críticas de las que debió.

El buen sabor de boca que dejó la actividad constante en Legion tenía la obligación de trasladarse a BfA, pero la comunidad estaba muy reacia a tomar con facilidad los contenidos.

En la parte anterior se explicaron elementos como los Frentes de Batalla y las Expediciones de Islas, que tuvieron buen impacto al inicio pero, al no ofrecer novedades constantes, recibieron críticas.

Estas se sustentaron en la falta de Bandas para hermandades altamente organizadas, que esperaban el momento para dominar los escenarios más duros de WoW. Esto daría pie a una carrera inesperada.

World’s First Race

Desde la instauración de los logros en el juego, se inició la persecución de ser el World’s First, un logro irrepetible y muy presumible para cualquier jugador. Si se suma la capacidad de que sea algo prácticamente inalcanzable, es una propuesta seductora.

Hermandades dedicadas a las Mazmorras y Bandas, especialistas en la ejecución de estrategias coordinadas, en luchar bajo presión y poner a prueba el nivel de paciencia de más de 20 jugadores, esperaron con ansias la apertura de Uldir.

La primera Banda de la expansión fue el inicio de un evento multitudinario del streaming, World’s First Race. La hermandad Method de Europa presentó su progreso en vivo a través de su cuenta de Twitch, así como la de sus jugadores.

Con muchos puntos de vista diferentes, los usuarios pudieron ver en vivo el despliegue de los jugadores más talentosos del juego para acabar con 8 jefes y ganar el logro de ser los primeros en todo el mundo.

Este evento fue completamente novedoso, al no existir la costumbre de las hermandades de compartir sus estrategias en público. Pero Method no hizo reparos y logró audiencias récord para World of Warcraft en Twitch.

Repentinamente, la carrera tomó forma propiamente, con muchas hermandades mostrándose en redes sociales y en streams en las siguientes carreras y siendo la comidilla de la comunidad.

Cada Banda se volvió un evento, con jugadores aupando a sus regiones y equipos predilectos. Method, la organización más grande del juego, logró dominar la mayor parte de las Bandas.

Uldir y la Batalla de Dazar’alor fueron las dos primeras marcas en el haber de la hermandad europea, pero al llegar al Crisol de Tormentas todo cambiaría. De la nada, Pieces reclamaría una victoria inesperada al llevarse el World’s First tras 700 intentos.

Pero Method recuperaría el trono en la siguiente, al superar a la Reina Azshara en el Palacio Eterno y reclamar su tercer World’s First. Al solo quedar una Banda, todo parecía encaminado para ser indiscutibles campeones.

La hermandad Limit, eterna perseguidora de Method en las carreras y la mejor de los servidores americanos, cambió su nombre a Complexity Limit y logró superar Ny’alotha, la última batalla.

Por primera vez en 8 años, una hermandad americana superaba al jefe final de una expansión y reclamaba el World’s First más valioso del juego, con el gusto extra de quitarle el dulce de la boca a Method.

Cada una de estas transmisiones fue progresando en términos de audiencia y publicidad, adquiriendo un rango de evento que Blizzard no pudo ignorar. Creando un impacto indeleble y haciéndose oír, World of Warcraft encontró un estilo de streaming que no podía hacer más nadie.

Pero no todo lo que brilla es oro. La comunidad de jugadores mostró su mayor nivel crítico ante la gran cantidad de errores, calculos erroneos y decisiones reprensibles que Blizzard tuvo en los últimos 18 meses.