El tan esperado desenlace de Kimetsu no Yaiba por fin llegó. Bueno, no realmente, pero ustedes entienden, el manga principal de Koyoharu Gotōge terminó.

El manga de Kimetsu no Yaiba inició su serialización el 15 de febrero del 2016. En la actualidad esta obra ostenta el título del manga más vendido según el ranking Oricon, tanto del 2019 y como del 2020.

Entonces, aprovechando que la historia de Tanjiro, Nezuko, Zenitsu, Inosuke y compañia parece haber llegado a su final. Aunque con los japoneses nunca se sabe, vamos hablar de uno de los personajes más interesantes de toda la trama: Kagaya Ubuyashiki (Oyakata-sama).

No por nada se le llama Oyakata

Las buenas historias suelen tener temas o tropos recurrentes sobre los cuales giran. Por ejemplo, en Avatar, tanto La leyenda de Aang como La leyenda de Korra, se reflexiona sobre el tema de la hermandad y las relaciones entre hermanos. En Harry Potter se reflexiona sobre la importancia de la familia y la aceptación de la muerte. En el caso de Kimetsu no Yaiba, uno de esos temas es la paternidad.

Cuando se nos presenta a Tanjiro por primera vez lo vemos actuar, más que como un hermano mayor, como un padre para con sus hermanos. Sabemos, casi desde el inicio, que este joven asumió el papel de protector y proveedor de su familia desde que murió su padre. Sin embargo, no es en nuestro protagonista donde este tema se desarrolla mejor. Es en el diálogo constante que hay entre los personajes de Kagaya Ubuyashiki y Muzan Kibutsuji. A su lado, Tanjiro no es más que un padre primerizo.

Empecemos como debe ser, por el principio. Kagaya Ubuyashiki fue el 97° líder del Demon Slayer Corps y fue también el líder de la familia Ubuyashiki. Desde su primera aparición se nos va anunciado cómo es la naturaleza de este personaje con el simple hecho de que sus subordinados lo llama Oyakata-sama.

En japonés el término “Oyakata” significa “líder” pero, principalmente, significa padre. La página web: Nakasendo Way, un sitio web dedicado hablar sobre la cultura japonesa tradicional, define así la palabra:

Un Oyakata es, literalmente, el “padre” o el líder de los demás. En las organizaciones sociales tradicionales, la forma más común era la de una familia. El líder o “padre” del grupo estaba dotado de todos los poderes y fortalezas del padre de una familia y los miembros del grupo dependían tanto de los Oyakata como los bebés lo estarían de su padre. Dado que tradicionalmente no había límites en la autoridad de un padre sobre los hijos, este tipo de relación se considera tradicional, autoritaria y anti democrática, pero aún persiste en entornos tradicionales como la lucha de sumo.

¿Cuántos de ustedes van por ahí llamando “papá” a sus jefes? Espero que pocos, la verdad. Pero Kagaya no es un líder común y corriente, es un Oyakata en su más pura expresión, porque él no ve al resto de los integrantes del Demon Slayer Corps como subalternos, sino como “hijos”, “sus hijos”. Kagaya es la representación del padre amoroso, indulgente y considerado.

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Kagaya es en sí mismo un refugio y una fuente de calma para el resto de los cazadores. A los cuales respeta y admira profundamente por ser capaces de pelear, cosa que él no puede hacer. Además, al final nos quedó claro hasta qué límites estaba dispuesto cruzar para cuidar el bienestar de “sus hijos”. Muzan, por el contrario es otra historia totalmente diferente.

El premio al peor padre del milenio es para…

Cuando el mundo creía que no iba a conocer un peor padre que Lord Ozai, llegó Muzan Kibutsuji. Es fácil de pasar por encima a este hecho. Pero Muzan es el padre de todos, absolutamente todos, los demonios que hay en el mundo y, por ninguno de ellos siente algo de simpatía. Para Muzan todos los seres que hay sobre la faz de la tierra no son más que herramientas, en especial su descendencia.

Salgamos un poco de la era Taisho y volvamos al época moderna en Occidente. El poeta José Martí dijo una vez: “Hay tres cosas que cada persona debería hacer durante su vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro”.

Este fragmento de filosofía universal nos habla de lo que quizás deberíamos hacer para trascender a la muerte. Pero, tener un hijo pensado que éste es sólo una extensión nuestra y, por ende, debe hacer todo lo que nosotros queramos, es una forma muy tóxica y dañina de mirar la paternidad, es la forma en la que Muzan la ve. Porque no se nos debe olvidar que la única meta de este ser es superar la existencia y convertirse en un ser perfecto, un dios.

No tenemos uno, tenemos dos

Entonces, visto de esta manera, aquí tenemos a dos tipos de Oyakatas. Los dos encarnan y lideran a sus respectivas corporaciones, aunque claro está que cada uno a su manera. Kagaya lo hace de manera metafórica buscando nutrir, cuidar y alentar a los suyos. Muzan, por su parte, solo busca alimentarse de la fuera y poderes de sus seguidores, en alguna ocasiones esto literal, dado que este demonio tiene la capacidad de absorber a su descendencia.

Es que incluso sus poderes son una representación de la naturaleza paternal de cada personaje. Kagaya tiene la habilidad de calmar a otros con su voz, además de ser un estratega increíblemente sabio e inteligente en la batalla. En cambio Muzan tiene la habilidad de “castigar”, de destruir a cualquier demonio que se atreva tan solo a decir su nombre.

Con el diálogo que hay entre estos dos personajes, Kimetsu no Yaiba y Koyoharu Gotōge continuamente nos están haciendo reflexionar sobre lo qué es, y lo qué no es, ser un buen padre. Porque si algo claro nos queda claro al mirar a Muzan, es que darle la vida a alguien no te da ningún derecho sobre él. Por el contrario, como lo demuestra Kagaya, solo es una oportunidad para convertirte en alguien que guíe, nutra y proteja a todos aquellos que llames “tus hijos”.