El mundo recuerda a la PlayStation 3 como una de las consolas que marcó el punto de diferencia entre muchos tipos de jugadores.

Dando inicio a la séptima generación de consolas, codo con codo con la Xbox 360, representó una nueva era en la que se dejaban atrás pretensiones antiguas para dar paso a grandes ambiciones.

Casi 15 años después de su estreno, la consola es vista con mucho cariño de parte de la comunidad de jugadores. Recordando su catálogo de juegos y en general el hecho de que vino de menos a más en esta versión de la guerra de consolas.

Pero ese «menos» es de hecho la clave de como Sony ha encontrado una receta para el éxito en su siguiente generación, al omitir un error del pasado en su siguiente versión.

Asustando billeteras

Envalentonado por el éxito sin precedentes de PlayStation 2, que posicionó a la marca como al principal consola del mundo sin cuestionamientos, Sony se propuso una meta ambiciosa.

PlayStation 3 venía con una anticipación tan grande que era palpable hasta fuera de los usuarios comunes de consolas. La estrella máxima estaba a punto de llegar, pero tendría un costo.

Con un precio de salida de 599 dólares en su edición de 60 GB (la más alta hasta el momento), era el sistema más costoso que había en el mercado y fue más que suficiente para espantar a centenares de compradores.

Comparativamente hablando, eran 150 dólares aproximadamente por encima del lanzamiento de PlayStation 2 seis años atrás, que ya de por sí era una consola costosa, pero cargaba con un balance muy positivo de beneficios.

PS2 tenía de antemano toda una gama de retrocompatibilidad con juegos de la primera PlayStation, además de tener ya numerosos juegos listos para el estreno de la consola.

La tercera consola de Sony no tuvo esta suerte. El proyecto de Ken Kutaragi estaba anclado a un nivel de perfeccionismo que llevó a la consola a llegar a su estreno con muy poco que ofrecer a los jugadores.

Sin tener siquiera la posibilidad de jugar títulos de la pasada generación, los fans occidentales se rehusaron a comprar la consola en su estreno.

No dejar que la fuente se seque

Mirando atrás, los cabecillas de Sony entendieron que no podían repetir los errores de Kutaragi. Una leyenda de la compañía, pero su afán de terminar la consola antes de permitir el desarrollo de juegos les afectó mucho en 2006.

Figuras como Shuhei Yoshida, Mark Cerny y Shawn Layden lo tuvieron claro a la hora de debutar la PlayStation 4 en 2014. Recogiendo los frutos de un cambio de modelo y mucho trabajo interno.

Para comenzar, los estudios de juegos de Sony Interactive Entertainment trabajaron a toda máquina para producir juegos originales de calidad que atrajeran a los clientes. El cierre del ciclo de PS3 ya gozaba de esta visión y se vio ampliada en la cuarta edición.

Obviamente, el mundo era muy diferente y las exigencias gamer habían cambiado desde su estreno anterior, pero la casa japonesa hizo un buen trabajo en darle a la consola su valor más grande, a la vez que el más ignorado, la continuidad.

PlayStation 4 heredaba el legado de sus tres predecesoras, con lo bueno y lo malo de ellas, permitiendo a los fans discernir si valía la pena el adquirir una consola. Además, Sony haría una jugada ganadora al colocar el costo de estreno en 399 dólares.

Un reconocimiento de su error del pasado y una oferta superior de juegos de alta calidad eran la visión que Sony quiso darle a su flamante sistema nuevo.

Con juegos exclusivos que siguen siendo altamente apreciados por los fans, PS4 se despedirá de manera triunfal para dar paso a la siguiente generación, que espera seguir sus mismos pasos.

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