Una de las obras más características de un período específico de los videojuegos es Killer Instinct, el juego de pelea que rompió los estándares.

La obra de Rare representa el pináculo del nivel de desarrollo de los arcades y el aún más impresionante nivel de su conversión a la SNES. Una especie de fenómeno social inesperado que cambió la perspectiva de los juegos de pelea para siempre.

Pero lo que es aún más impresionante es que Killer Instinct no continuó teniendo el mismo impacto de manera progresiva. Sus secuelas y versiones siguientes no captaron la misma atención de los fans.

Rare logró cambiar paradigmas pero no llegó generar una franquicia exitosa, convirtiéndose en una ocurrencia muy especial.

Fuerza bruta contra Street Fighter

Cuando se narra la historia de Killer Instinct, se comenta sobre el proyecto de Brute Force, un juego de pelea que aspiraba convertirse en el rey de las maquinas de arcade. Para ello había que derribar al rey, Street Fighter II.

Pero esto cambió sustancialmente en medio de su proceso de preproducción, cuando Ken Lobb, diseñador de Nintendo, visitó Rare y aportó ideas novedosas para el desarrollo de un juego muy diferente.

Los rudimentarios diseños pasaron a un estilo tridimensional y poco a poco le dieron una estética lo suficientemente desatacable para no caer en los dos fosos en los que los juegos de pelea de aquel tiempo no podían evitar. Ser un Street Fighter o un Mortal Kombat.

La genialidad de este trabajo vino en los detalles. Elementos que hoy tomamos por sentados llegaron a nuestras manos por primera vez en este juego. Combos, Combo Breakers y Finishers entraron a nuestro léxico desde ese momento.

El juego pasó a ser uno de velocidad, precisión y un adictivo estilo de combos y breakers para ganar peleas emocionantes que podían hacer extensas partidas con amigos y una fortuna para los dueños de arcade.

Pero este estilo dio el salto al momento de mayor gloria que tuvo la SNES en su período de vida, probablemente la serie de éxitos que hicieron de Rare una de las más grandes desarrolladoras de su momento.

Un port legendario

El principal inconveniente de la transición de los títulos de arcade a las consolas caseras era la capacidad de comprimir un juego a las limitadas condiciones de una máquina inferior.

Pasaron décadas antes de poder ver una versión completamente perfeccionada de Street Fighter II y Mortal Kombat, por lo que las versiones caseras dejaban atrás elementos para privilegiar otros en sus versiones de cartucho.

Killer Instinct tendría un efecto extraordinario al poder traducir elementos fundamentales de su gameplay a la consola. La velocidad, el impacto de cada golpe y un gameplay envolvente tomaron por asalto a la industria.

Dejando muy atrás a lo que hicieron Mortal Kombat II y Street Fighter II Turbo, era un vistazo a algo que marcaría el futuro de manera ideal.

A partir de allí, los juegos de lucha se transformaron en juegos más rápidos que apelaban a la continuidad de movimientos para el control de combates, más que a los impactos fuertes.

Cómo con la trilogía de Donkey Kong Country, se esperaba que Rare tuviera con Killer Instinct una saga recurrente.

Se acaba la supernova

Uno de los principales factores que caracterizó el trabajo de Rare en este período era la espera por la Nintendo 64. La prometedora consola que, si bien fue fundamental para el estudio, no hizo realmente mucho por KI.

Cuando Killer Instinct II llegó a las arcades, las audiencias ya se habían recuperado del golpe inicial del primer juego. Esperando algo más de esta nueva edición que realmente nunca llegó, a pesar de algunas mejoras cosméticas.

Está tibieza no hizo maravillas para crear una mayor presencia que les permitiera afianzarse como franquicia. Especialmente en una generación en la que los juegos de pelea se habían hecho mejores, más eficientes y habían evolucionado.

¿Qué podía ofrecer Killer Instinct, en un escenario donde juegos como Tekken, la serie VS de Capcom y Soul Blade tomaron la escena desde PlayStation?

Si a esto sumamos la emergente salida de juegos de equipos más pequeños, cómo Atlus y su Guilty Gear, no había mayor cosa por hacer.

Killer Instinct tiene un lugar indeleble en la historia del gaming por ser un título revolucionario, pero como una supernova, se consumió en muy poco tiempo.

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