Hoy por hoy, la industria de videojuegos está dominada por los títulos que sean capaces de ofrecer la mayor cantidad de involucramiento social que sea posible. Esta es la historia de los Battle Royale.

Con PUBG y Fortnite alterando el orden establecido de los juegos competitivos de antaño, los First Person Shooters, la industria ha tenido que adaptarse al fenómeno de los juegos de eliminación. Presentando un concepto sencillo de entender.

“El último combatiente en pie” es una historia clásica de competencia, eliminación directa y recompensas al ganador de tanto esfuerzo. En el mundo de la lucha esto es uno de los eventos más importantes, la “batalla real” donde se eliminan uno tras otro los contendientes.

Battle Royale

Pero la utilización del término para específicamente resaltar la metodología de este tipo de juegos vino desde el mundo del cine, en uno de los filmes más controversiales de la historia.

Battle Royale es un film distópico que nos lleva a la historia de un grupo de estudiantes llevados en un viaje a una isla de la que no pueden escapar. ¿La razón? Deberán matarse sin compasión entre sí hasta que solo uno quede en pie.

Esta es probablemente una de las películas más importantes del cine y marcó a una generación entera de creativos de todo el mundo, al punto de crear numerosos clones de esta historia.

Pero los videojuegos lo tuvieron más sencillo. Con mucho terreno cubierto con la desensibilización de las armas de fuego tras generaciones enteras de shooters, el elemento competitivo de la eliminación en un ambiente controlado era muy sugerente.

Hubo varios intentos de capturar la idea, pero nadie lo llevó a la vida como PlayerUnknown’s Battlegrounds, iniciando una revolución en la industria.

Las dos coronas

Un mapa gigantesco, numerosos jugadores en línea, armándose como sea posible y sobrevive cuanto puedas. Repetir, repetir y repetir.

Combinando la capacidad de crear una compulsión de querer ganar como puede hacerlo League of Legends, pero sin la necesidad de coordinar estrategias grupales, PUBG se volvió icónico.

Un nivel de perfeccionamiento apuntalado por una estrategia estética de hacer cada elemento como lo más importante y genial que fuese posible. Cada partida es impredecible, cada contenido es especial y, lo mejor de todo, siempre puede compartirse.

Estar presente en redes como un jugador exitoso es emocionante, así como el poder crear arraigo en plataformas como YouTube o Twitch. No solo se es bueno en este juego impredecible, sino que el mundo puede verlo.

Este es el modelo que atrapa Fortnite para tomar control del género de manera decisiva. La obra de Epic Games le dio el giro indicado para atraer aún más aficionados, al tener una estética más colorida e inocente que PUBG.

Sin sangre ni violencia explicita, Fortnite podría pasar por un juego de “las traes” con disparos, haciéndose tan potable para las colaboraciones y las creaciones de contenido humorístico que lo catapultó a ser un fenómeno social.

Presente en el mainstream norteamericano, ya Fortnite es un nombre propio que alcanza millones de dólares al día en ganancias y que se mantiene activo y en crecimiento, cada vez más progresivo.

Esto generó que los viejos reyes de los disparos, Call of Duty y Battlefield, tuvieran que inventar maneras de tener modalidades de Battle Royale para poder estar en la conversación.

Call of Duty: Warzone es en la actualidad un éxito bastante sólido, pero Firestorm de Battlefield y Blackout de Black Ops 4 fueron un pestañeo que apenas pasaron por los radares de los usuarios.

En la frontera

Pero el mundo de las eliminaciones no solo cuenta con los líderes del género, dado que en la frontera también habita un referente importante y el potencial futuro de lo que puede significar ser un Battle Royale.

Apex Legends es una criatura fascinante. EA y Respawn se lanzaron con todo a la creación de un competidor fuerte para Fortnite y este título, basado en la franquicia Titanfall, fue la respuesta.

Con un impacto inicial prometedor, Apex refrescó al género de su primer gran estancamiento, con un FPS en equipos con marcadas referencias a Overwatch, pero que se paraba en sus propios pies al ejecutar el estilo del Battle Royale de manera eficiente.

Pero su efecto social se diluyó rápidamente. Al no tener mayores opciones que un sólido juego en tríos, Apex se fue diluyendo en una posición más discreta, donde aún está situado.

Apex Legends se puede comparar con el nuevo jugador en este género, Fall Guys. Al tener uno de los impactos iniciales más fuertes de la industria, pero alterando toda la fórmula.

En lugar de disparos y violencia, Fall Guys va por los empujones, propios de un programa de competencias en televisión, donde derribar oponentes es la meta de diversos minijuegos.

Tan divertida ha resultado esta idea que se ha convertido en uno de los juegos más vendidos en todo el mundo, a pesar de estar limitado a PlayStation 4 y PC en su arranque. Causando, además, un fenómeno en redes sociales por ser un juego perfectamente valido para todo público.

Sin el estigma de los disparos, este jugo bien podría tener un alcance mayor que Fortnite en mercados conservadores e infantiles, que no parecen encontrar elementos negativos en estos simpáticos personajes.

Un juego fácil de jugar e increíblemente difícil de soltar, ¿Es Fall Guys la versión perfecta del Battle Royale?