En un movimiento que se había estado susurrando detrás de escena, Microsoft adquirió la totalidad del estudio Bethesda Softworks.

Una de las compras de más alto nivel en la industria actualmente, se puede prever un cambio importante que afectará a muchas de las series de videojuegos más populares.

La palabra clave de esta situación es “exclusividad”. Al estar atada a los designios de Microsoft, el estudio Bethesda y su compañía matriz ZeniMax Media tendrán ahora un aliado más fuerte en cada escala de su producción.

¿Qué debemos esperar de esta compra?

Obviamente, la estrella que veremos en reportes de esta operación será Doom: Eternal, el título bandera que marca el camino para Bethesda de la mano de id Software en estos últimos tiempos.

Pero todos estamos conscientes de que Bethesda es mucho más reconocida singularmente por dos marcas específicas con una fiel base de aficionados, Fallout y The Elder Scrolls, y es aquí donde encontramos el verdadero valor de la compra de Microsoft.

El manejo de sus marcas no ha sido el fuerte de Bethesda en años recientes, a pesar de lo que sus fans más militantes digan. Fallout 76 es un fracaso tan grande que sirve de referencia a cómo no se debe manejar un juego y relanzar Skyrim en cada sistema es ya un chiste recurrente.

Sin embargo, es el futuro de estas franquicias lo que puede tener un valor sustancialmente más alto. Al expresarse que los juegos de Bethesda se estrenarán en exclusividad para Xbox Game Pass, tendremos lanzamientos de alto relieve con exclusividad para la plataforma de Microsoft.

Bethesda exclusiva para Xbox

Con esta jugada, Microsoft busca cubrir su lado más frágil de cara a la nueva generación, los juegos exclusivos. Siendo este uno de los pilares que sostienen a Sony y a la PlayStation 5, es imperativo cubrir esa brecha.

Esto representa un golpe calculado en la víspera de la preventa oficial de la Xbox Series X y Series S. Siendo el impacto publicitario de tener a los distribuidores de Doom: Eternal, Fallout y The Elder Scrolls de su lado de manera exclusiva, una herramienta para amarrar más preventas de último momento.

Para los que no crean esto, solo basta imaginar el impacto de cuando se estrene The Elder Scrolls 6 en exclusividad para Xbox Series X/Series S. En ese punto, los 7 mil millones de dólares que gastó Microsoft se verán bien invertidos.