La principal noticia que salió del anuncio de Hogwarts Legacy no estuvo relacionada con nada de lo presentado en la pantalla de la mano de WB Games.

La gran pregunta era si JK Rowling estaba involucrada en la producción del juego y si recibiría compensación por las ventas que pudiera tener este título. El razonamiento de esto es bastante público y notorio.

Si no estás enterado de la situación, JK Rowling ha causado oleadas de controversia por sus posturas abiertamente transfóbicas, con declaraciones constantes en Twitter que siguen la línea del feminismo radical transexcluyente, conocido como TERF por sus siglas en inglés.

Criticada por celebridades y personalidades de academias, así como aficionados de Harry Potter, Rowling ha duplicado sus esfuerzos por parecer el peor tipo de persona posible en redes sociales.

Mientras que la autora británica llegó al punto de hacer de la transfóbia la pieza central de su obra escrita con su reciente libro Troubled Blood (parte de la serie de Cormoran Strike, donde sus perspectivas discriminatorias eran parte del subtexto), Warner Bros tiene que lidiar con la controversia directamente.

Unidos contractualmente por el éxito sin precedentes de Harry Potter, a la compañía le ha tocado lidiar con las posturas de la autora, aparentemente sin mucho éxito. Hoy se ha dado a conocer un comunicado de parte de WB Games con respecto a Hogwarts Legacy.

David Haddad, presidente del estudio de videojuegos, expresó la postura oficial de la compañía con respecto a las posturas de Rowling, siendo estas bastante genéricas.

Publicado por Jason Schreier en Twitter, Haddad expresó no estar de acuerdo, a nivel personal o de empresa, con las posturas de Rowling en redes sociales, pero que su libertad de emitirlas no debe censurarse.

Obviamente, es la posición más cómoda posible de parte de WB Games, quienes se hicieron de oídos sordos con los escándalos de abuso dentro del estudio Rocksteady.

Hogwarts Legacy le generará millones a JK Rowling, algo que parece que Troubled Blood ya está haciendo en los círculos literarios en el Reino Unido, por lo que la transfóbia de la autora no ha impedido que sus obras sigan siendo exitosas. Un desastre más del 2020.

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