El optimismo de Blizzard en cuanto al lanzamiento de World of Warcraft: Shadowlands parece haber estado justificado en vista de sus resultados.

Con la disposición de un lanzamiento en vivo, el juego no cerró sus puertas para implementar el contenido, sino que en esta oportunidad este estuvo precargado. De este modo, los usuarios ya conectados solo tenían que esperar al aviso de la nueva misión que iniciaba la expansión.

Los jugadores con más tiempo en sus manos pudieron incluso cerrar una hora antes con las misiones del preparche de estreno del juego, eliminando a los mini jefes de mundo que anticipaban la entrada a la tierras sombrías.

En el pasado, la tendencia con lanzamientos de expansiones y contenidos dentro de World of Warcraft (así como otros juegos) era precedido de un período de espera mientras se implementaban los datos. El resultado siempre terminaba siendo un embotellamiento de tráfico en el que prácticamente ningún usuario podía jugar por mucho tiempo.

Este no fue el caso con Shadowlands y, tal como Blizzard había previsto, se dio un lanzamiento fluido y libre de dramas.

Las nubes negras

Por otra parte, muchos atribuyen este suceso a la caída de los números de la base de jugadores de World of Warcraft. Considerando las controversias que ha atravesado Blizzard en tiempos recientes, no es una idea descabellada.

Mientras la historia y el trabajo interno del juego continúa, Activision Blizzard sigue bajo la lupa tras tener un constante flujo de trabajadores despedidos en masa en diversos territorios del mundo.

Del mismo modo, las condiciones internas para el personal de diario dentro de la compañía no son las ideales. Pagos bajos y restricciones en sus requerimientos básicos son la norma en el estudio.

Todo esto mientras Bobby Kotick es uno de los ejecutivos más sobrepagados en todo el mundo de los negocios, muy por encima de la industria de videojuegos.

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