Shingeki no Kyojin es el anime del momento. Al estar en medio de su temporada final, arrastra altos índices de audiencia y la fidelidad de millones de aficionados en todo el planeta.

Del mismo modo, su manga original también se encuentra en su recta final, al narrar el arco decisivo de la historia de Eren Jaeger y sus amigos. Todo esto desde la mente de Hajime Isayama, el mangaka que ha dejado una huella indeleble.

Imagen tomada del anime de 'Shingeki no Kyojin' con Eren observando al titán de ataque desde la ciudad mientras la misma está en llamas.

Dentro de un mundo tan lleno de elementos interesantes como es el manga, rico en una cultura y elementos propios que lo definen, el trabajo más famoso de Isayama es una de las historias más poderosas en alcanzar la fama mundial dentro de su género. Al jugar con cada uno de sus componentes de manera específica y aportar una gran cantidad de pensamientos y experiencias personales.

Con esto en mente, es hora de explorar la vida y los orígenes de Hajime Isayama, buscando descubrir las piezas que han hecho de su obra una de las más icónicas del mundo del manga y el anime.

Hombre reservado de Oita

El 29 de agosto de 1986 sería el día en que Hajime Isayama llegaría al mundo en Oyama, prefectura de Oita, siendo parte de una familia con valores morales bastante ferreos y padres de carácter firme y serio.

A pesar de ello, creció como un joven aficionado al manga y al anime, desarrollando en la escuela una habilidad para dibujar toda clase de objetos. Esto lo hizo ser el elegido a menudo para hacer el trabajo gráfico para todos sus proyectos escolares y actividades extracurriculares.

Mayores detalles de su vida personal se han mantenido ocultos, dada la naturaleza reservada de Isayama, pero es en este punto cuando comienza a enviar manuscritos a diversas editoriales a espaldas de sus padres, quienes no aprobaban esta selección de trabajo.

Hajime Isayama relatando su historia de como develó que era artista de manga a sus padres

Manteniendo el secreto por bastante tiempo, el autor confesaría que se le escapó en una conversación casual y que sus padres no lo creían, incluso cuando supieron que era un autor publicado, les quedaba la duda de que su hijo había podido crear todo esto.

A pesar de que su mente creativa es mucho más profunda de lo que sus padres podrían creer, Hajime se convirtió en un hombre de naturaleza humilde y reservada, lo que condujo al hecho de que se sabe muy poco de su vida personal. A finales de 2018 anunciaría que se había casado, más no se ha dado a conocer nada de su compañera sentimental.

En el aspecto donde si suele manifestarse abiertamente en público es en la promoción de su pueblo natal, Oyama, y la región de Oita, organizando reuniones y firmas de autógrafos para la beneficencia local. Siendo uno de sus ciudadanos más famosos del mundo, lo considera uno de sus deberes más altos.

Sin embargo, su ansia más grande de juventud se trasladaría a su obra en el futuro, el poder viajar y conocer el resto del mundo.

Promoción de local de comida de Oita realizado por Hajime Isayama
En apoyo a su comunidad, Isayama suele promocionar comercios de sus amigos y allegados con bocetos y carteles.

Rompiendo los muros

A finales de su etapa estudiantil, Isayama estuvo enviando manuscritos de sus ideas a una gran cantidad de editoriales, recibiendo respuestas negativas en su mayoría. De forma llamativa, la poderosa Kodansha fue capaz de darle algo más que un simple no.

La editorial comunicaría un gran aprecio su estilo de dibujo y mantuvieron el contacto con Isayama, pudiendo así darle más tiempo para expandir y pulir sus ideas de manera más adecuada y poder crear obras sólidas. Así nació el one shot de Attack on Titan en 2006.

Hay numerosas claves en el trabajo de Isayama que permiten localizar lo que conectó de Shingeki no Kyojin para convertirse en una obra exitosa en el mundo del manga y del anime. Muchas personas, acertadamente, alaban el trabajo que hizo para desarrollar una mitología y un universo interno original y lleno de profundidad.

 

Pero incluso a niveles superficiales, la narrativa de Shingeki no Kyojin viene unida a un terror primordial del ser humano: otro ser humano. Basado en su experiencia con un hombre violento en un cibercafé, Isayama entendió que no existe mayor horror que otra figura humana de mayor imposición física y desprovisto de todo raciocinio, creando así a los titanes.

Gigantes brutales, desprovistos de toda forma de comunicación y con la única motivación de devorar humanos en cuanto los ven, son uno de los giros más originales al clásico uso de la “horda salvaje” en otros medios como el cine y la televisión.

A esto debe sumarse el rompimiento que Shingeki no Kyojin representa dentro del mundo del anime. Haciendo pedazos la tendencia de homogenizar al estilo de A-1 Pictures, la obra de Isayama da un fuerte golpe a la mesa al mostrarse con una presencia única. Una atmósfera especial e irrepetible que continúa hasta hoy.

¿Maestro a los 34 años?

Dentro del mundo del anime y el manga, la creación de una obra icónica es uno de los hitos más grandes a los que puede aspirar un autor. Esto puede tomar muchas formas y depende de la perspectiva de la gente.

Para un sector de aficionados, el tener una sola obra exitosa en el mercado no es el indicador de un maestro mangaka, sino que se apela a que sean más prolíficos en su catálogo. Sin embargo, las grandes obras del entretenimiento japonés son a menudo piezas únicas a las que su autor dedica su vida para llevar a cabo.

Shingeki no Kyojin representa el logro más grande de la carrera de Isayama, recibiendo cifras récord en ventas, galardones en todo el mundo y la marca de ser uno de los creadores de obras fundamentales para su medio en todos los tiempos.

Puede que a muchos puristas y veteranos les haga ruido que un hombre de 34 años esté en la misma conversación que leyendas vivientes de la industria como Eichiro Oda, Yoshihiro Togashi, Hiromu Arakawa o Kentaro Miura, pero no es descabellado que el autor de una de las obras más perdurables en el tiempo del mundo del manga se siente en la misma mesa con los grandes.

Escribir un comentario