Cuando se es parte de la comunidad del anime y en especial cuando se es una minoría, ya es costumbre que cualquier señalamiento de un comportamiento inadecuado en los medios de entretenimiento asiático se reciba con un “así es su cultura”.

Una forma tajante de zanjar una conversación incómoda, pero necesaria, escudándose en lo que se cree es la idiosincrasia de países tan lejanos para nosotros como Japón, China o Corea del Norte.

A pesar de que las pruebas están allí, es más fácil cerrar los ojos a una verdad, y es que en todos los países que admiramos desde lejos aún existe la desigualdad y que si se lucha por estas causas.

Tan solo la semana pasada, en China se armó un boicot a la plataforma BiliBili por parte de su audiencia y empresas patrocinantes, quienes señalaron la serie de anime ‘Mushoku Tensei: Isekai Ittara Honki Dasu’ por su contenido misógino.

Esta no es la primera vez que mujeres se alzan en Asia ante contenido animado, pero es más fácil para muchos empaquetar la situación como un suceso único, que nada tiene que ver con Japón y que no refleja el deseo de la población.

Aunque en muchas ocasiones el anime es el centro de la discusión en el terreno de la misoginia, esta vez lo ocurrido a BiliBili nos abre una puerta, una donde discutimos si la industria del anime en sí es o no misógina.

El rol de la mujer en el terreno laboral

Imagen de un grupo de personas entrevistando a una mujer japonesa.

Antes de tocar la industria es justo que exploremos un terreno más amplio que nos ayude a discernir si existe o no la misoginia en el campo laboral de Japón, y ese es su estado actual.

A pesar de que el gobierno ha promovido la familia tradicional japonesa y el rol como madre y esposa de la mujer, que se conformó a lo largo de la era Tokugawa y Meiji, actualmente se vieron en la necesidad de impulsar a la mujer al mercado laboral.

Este movimiento fue en mayor parte promovido por Shinzo Abe, con el nombre de womenomics, una forma de brindar independencia y brillo a la mujer japonesa moderna, insertando al mercado laboral al 70% de ellas en 2018.

Si bien suena como un gran logro en escala, cuando se miran detenidamente las estadísticas que conforman ese 70%, solo el 3.4% está en puestos directivos y el 9.5% forma parte del Parlamento o Dieta Nacional Japonesa.

Claro que no se trata de llenar espacios con cupos por “ser mujer”, pero las cosas cobran otro color cuando hablamos de que el resto del porcentaje está estancado en trabajos de medio tiempo o carreras profesionales que no prosperan, al entrar a la fuerza laboral por la vía del Ippan Shoku.

Ippan Shoku y Shogo Shoku

Fotografía de mujeres oficinistas japonesas cruzando un paso peatonal.

El Ippan Shoku y Shogo Shoku son las vías laborales que todo empleado debe elegir al momento de clasificar para un empleo, ya que la primera es trabajar solo hasta el matrimonio y la segunda es hacer carrera dentro de la empresa bajo el concepto de antigüedad.

Siguiendo esto, el Shogo Shoku suele ser el modelo para los hombres, que comprende no solo su mano de obra, sino que además toma en cuenta el tamaño de su familia y los años que ha dedicado a la empresa en el pago.

En el caso de la mujer, en la mayoría de los empleos son obligadas a tomar cargos Ippan Shoku, comúnmente como secretarias o contadoras, que se mantienen activas hasta encontrar un esposo dentro o fuera de la empresa.

Debido a que nunca se escala de posición, el trabajo suele ser insatisfactorio, sin beneficios y con un 25,7% de brecha salarial con compañeros que comienzan en el mismo puesto, pero que van por el camino del Shogo Shoku.

Debido a la baja natalidad de Japón que no hace más que reducirse cada año, el Ippan Shoku está diseñado para impulsar a la mujer a buscar una familia y dedicarse, eventualmente, a los hijos.

El relativismo cultural

Fotografía de una mujer japonesa dentro del tren de Tokio en hora pico.

A pesar de las pruebas de que el campo laboral continúa con desigualdad de género en Japón, de seguro habrá muchos que apelarán al relativismo cultural, señalando que las cosas simplemente son así.

Si bien es cierto que muchos de los problemas por los que pasa Japón provienen de su idiosincrasia, no podemos hacer la vista gorda de los hechos, el campo laboral es hostil para mujeres que quieren prosperar.

Esta hostilidad proviene de sus compañeros, empleadores, familia y el gobierno, quienes consideran que el lugar de una mujer es con sus hijos, los únicos que pueden hacer prosperar al país.

Está noción se hizo tangible en 2007, cuando el ministro de sanidad Hakuo Yanagisawa describió a las mujeres como “máquinas de hacer bebés” ante la problemática de la natalidad:

“El número de mujeres de entre 15 y 50 años es estable. El número de máquinas de hacer bebés, así que todo lo que podemos hacer es preguntarnos si hacen todo lo posible”

¡Al fin! Vamos a la industria del anime

Imagen tomada del anime 'Shirobako' con todo el equipo de Musashino sentados en una reunión de equipo alrededor de una larga mesa.

Nos extendimos en el contexto laboral, pero era necesario, ya que a partir de allí se sientan las bases de lo que podemos esperar de un campo que, bajo primeras impresiones, se percibe como un espacio solo para hombres.

Decimos que se “percibe”, debido a esta falsa ilusión de que el anime, en su mayoría, está destinado a jóvenes entre los 12 y 16 años de edad, por lo que se cree natural que la industria cuente con más hombres que mujeres entre sus filas.

Esta desigualdad que parece el resultado de los hechos de la vida no podía estar más lejos de la realidad, ya que las mujeres que intentan prosperar en el medio son muchas, pero muy pocas las que lo logran.

La gran negativa de la industria

Imagen tomada del anime 'Shirobako' con las protagonistas viendo a la cámara con expresión confundida.

Desde los años 50 la mujer japonesa ha formado parte activa en el mundo de la animación, como ilustradoras, ayudantes y animadoras en los estudios más grandes del momento.

Desde Toei Doga hasta Mushi Pro, artistas vivían y respiraban por el anime sin poder aspirar a puestos como directoras, guionistas o productoras, al estar atadas por las mismas reglas del Ippan Shoku.

Con un salario inferior al de sus compañeros, sin poder escalar en los estudios, con la prohibición de colocar sus nombres en los créditos o, incluso, cambiándolos a una versión masculina para no ser menospreciadas.

Lo más irritante de esta situación es que muchas fueron objeto de alabanza en sus estudios por sus conocimientos, cuya única función era ser transmitidos a los Kohai que sí podían ser exitosos.

Un caso olvidado por la historia

Imagen tomada del anime 'Panda y la serpiente magica' con los protagonistas mirando hacia la derecha mientras al fondo se ve el cielo.

Las mujeres que pasaron por situaciones similares son muchas, pero una de las historias más fascinantes del Ippan Shoku en la animación es la de Akemi Ota.

Ota era una de las animadoras más reconocidas de Toei Doga, estudio en el cual realizó el primer anime a color, bajo el título de ‘Panda y la serpiente’.

Su talento era tan bien conocido, que uno de sus jóvenes pupilos se interesó en ella, aprendió de cerca sus técnicas y al año contrajeron matrimonio, despidiéndose del mundo de la animación.

Bueno, “despidiéndose” es una verdad a medias, ya que continuó ayudando a su marido en sus producciones una vez abrió su propio estudio de animación, conocido hoy en día como Studio Ghibli. Si, Akemi Ota es la esposa de Hayao Miyazaki.

Vamos al presente de la animación

Imagen tomada del anime 'Shirobako' con una de las protagonistas inclinada sobre la mesa de trabajo.

Si bien los años 50 no fueron fáciles, no hay que quedarnos estancados, en la actualidad la industria es un poco más abierta, a pesar de que aún hay muchas cosas que se pueden mejorar.

Aunque el Ippan Shoku sigue como bandera ante todo, los tiempos han cambiado. Hoy por hoy y tímidamente las mujeres se asoman al territorio como productoras y directoras.

Ciertamente no son tan reconocidas en el mainstream y para esto harán falta muchos más años, pero no se puede negar el talento que hay en estudios como Kyoto Animation.

Kyoto Animation en la lucha de la igualdad

Imagen tomada del anime 'A Silent Voice' con la protagonista de perfil en fila con sus compañeros de clases.

KyoAni es conocido por animes como ‘Violet Evergarden’, ‘K-On!’ y ‘Free!’, así como por su plantilla repleta de mujeres exitosas que han logrado introducirse en la industria.

Hiroko Utsumi, la directora de ‘Free!’, y quien más tarde dirigió ‘Banana Fish’ para MAPPA, es prueba de ello, así como Mikiko Watanabe, la diseñadora de los personajes de ‘Violet Evergarden’, quien falleció en el incendio del edificio número uno del estudio.

No podemos dejar de lado el proyecto ‘Koe no Katachi’ (‘A Silent Voice’), el largometraje de KyoAni que colocó a Naoko Yamada como directora y a Reiko Yoshida en el guion, adaptando la historia de Yoshitoki Ōima.

Cada una de estas mujeres impulsan con cada vez más fuerza la evolución de una industria en la que de los 550 miembros del Directors Guild of Japan, solo 23 mujeres forman parte y en la que el director de Studio Ghibli, Yoshiaki Nishimura, es capaz de decir:

“A diferencia de las películas a imagen real, con la animación tenemos que simplificar el mundo real. Las mujeres tienden a ser más realistas y manejan muy bien la vida diaria. Los hombres, por otro lado, tienden a ser más idealistas, y las películas de fantasía necesitan ese enfoque idealista. No creo que sea una coincidencia que los hombres sean elegidos”.

El mundo del manga

Imagen tomada del anime 'Kakushigoto' con el protagonista en el cuarto de dibujo con sus asistentes.

Cuando le damos un vistazo al mundo del manga, la escena es mucho más peculiar que la del anime, ya que las mujeres se aceptaron abiertamente a partir de los años 70.

Aunque ciertamente las puertas no se cerraron en sus narices para prosperar, el problema de las mangakas es uno muy diferente, el de objetificación en el rubro.

Debido al público predominantemente masculino, para los fans la apariencia de una mangaka puede hacerla o destruirla de muchas formas. Si es hermosa, puede no que no la tomen en serio y si no gusta físicamente a los lectores, puede llegar a ser una burla.

Para evitar esta presión, muchas utilizan pseudónimos masculinos, no hacen apariciones públicas para que no se divulgue su género y apariencia o se limitan a tapar su rostro todo el tiempo.

Los rostros más conocidos

Fotografía de Paru Itagaki de perfil.sentada frente a un escrito de madera mientras apoya losa brazos en la mesa.

Un buen ejemplo de esto son las Clamp, las creadoras de ‘Card Captor Sakura’, quienes se mantuvieron en el anonimato hasta que el éxito de su franquicia quedó establecido.

Hiromu Arakawa (‘FullMetal Alchemist’) cambió su nombre a una versión masculina y Paru Itagaki oculta su rostro bajo una máscara de gallina, que se asemeja a uno de los personajes que creó para ‘Beastars’.

La misma Q Hayashida, quien creó una de las fantasías oscuras más populares de Japón con ‘Dorohedoro’, pasó por muy malos momentos debido a una filtración falsa en la prensa, que alegaba que era una mujer muy hermosa, mostrando la fotografía de una Idol.

A simple vista puede parecer algo superficial, pero estas medidas son para su seguridad, su integridad como personas y, en especial, por amor a llegar a lo más alto con su talento, disciplina y esfuerzo.

El mundo no es perfecto y la desigualdad de género se encuentra en todo lugar a donde miremos, quizá sea una conversación incómoda, pero es necesaria, no como una forma de pedir retribución, sino como el impulso de que en el futuro ningún ser humano deba ser señalado y tratado como inferior por un cromosoma.

Expandamos la conversación en los comentarios, ¿qué opinas de la misoginia en la industria del anime y manga?

Lee también:

¿Cuál es el panorama para la comunidad LGBTQIA+ en el anime y manga?

Escribir un comentario