Si eres un amante del mundo de la animación quizá has escuchado de Akemi Ota, una de las primeras mujeres que se dedicó al rubro, amasando una gran popularidad en el medio en los años 50.

Al participar en la primera película animada a color y ser una fuente de inspiración para jóvenes admiradores, Ota parecía ir en camino hacia el estrellato que decayó por completo tras abandonar la industria en los 60.

Lamentablemente hoy en día pocos conocen su legado y es que es difícil prestar atención a una joven retirada tras contraer matrimonio, en especial si la persona a la que se unió es Hayao Miyazaki.

Hablemos de Akemi Ota

Poco se sabe de los años de formación de Ota. Sin embargo, algo que no se pudo ocultar del internet es su vida como profesional al ser una de las animadoras principales de Toei Animation por 17 años.

Su primer proyecto es la que la impulsa a la fama dentro del rubro, como una de las participantes en la película ‘Hakujaden’ (‘The Great White Snake’), el primer anime que llegó a Occidente.

Demás está decir que la cinta fue todo un éxito, al contar una historia inspirada en el cuento popular chino ‘La leyenda de la serpiente blanca’, que asombró a todos por su fluidez y brillantes colores.

Ota, junto a otra de las precursoras de la animación, Reiko Okuyama, se encargaron de la animación intermedia en este proyecto, convirtiéndose en iconos de lo que las mujeres podrían lograr en el campo.

Con el tiempo, tanto Ota como su compañera escalaron en la compañía a pesar del ambiente, descrito por Okuyama, con “cierta discriminación sexual por parte de los jefes del estudio”, quienes sin dudarlo ascendían a novatos antes que a ellas hasta que la brecha entre kohai y senpai fue tan amplia que no podía ignorarse.

Un cambio en el panorama

Imagen tomada de la cinta 'Hakujaden' con los protagonistas asombrados y mirando hacia la izquierda.

Han transcurrido 5 años desde que Akemi trabajó en ‘Hakujaden’ y su talento y experiencia se lucieron en producciones como ‘Saiyuuki’, ‘Wanpaku Ouji no Orochi Taiji’ y ‘Arabian Nights: Sindbad no Bouken’ en colaboración con Osamu Tezuka.

Es esta ilación de increíbles producciones lo que atrae a aspirantes a animadores a Toei Animation, después de todo, el estudio estaba a la vanguardia de la animación y sus puertas abiertas a nuevos talentos.

Este es el caso para Hayao Miyazaki, quien en 1963 es seleccionado para unirse a las filas del estudio de animación y que atraído por la producción de ‘Hakujaden’ se aboca a conocer a todos los que lo hicieron posible.

Entre ellos, Ota fue la que más llamó su atención, tomando la iniciativa de pedirle una cita poco después de conocerla, a pesar de ser su superior, absorbiendo todo su conocimiento y casándose dos años después.

Continuar a pesar de lo que diga la sociedad

Imagen tomada de la cinta 'Hakujaden' con los protagonistas abrazados con los ojos cerrados

Hay que tomar en cuenta que para el momento en que Akemi contrae matrimonio, la joven animadora ya tenía 27 años, una edad a la que, tanto en Japón de los 60 como de 2021, la mujer es considerada con grandes probabilidades de permanecer soltera por el resto de su vida.

Claro que al superar este obstáculo vienen otros, y es que se infiere que las mujeres casadas deben abandonar sus puestos de trabajo, entregarse al hogar y a la crianza de los hijos, algo que no convencía del todo a la animadora.

Siguiendo los pasos de su compañera, Okuyama, quien contrajo matrimonio en 1963 con el animador Yoichi Kotabe, Akemi intento mantener un balance entre su vida privada y su vida laboral con éxito al menos por los próximos 2 años.

El abandono de sus sueños

Imagen tomada de la cinta 'Hakujaden' con un primer plano de la protagonista con expresión de molestia e incredulidad.

Para 1967 Akemi ya figuraba en la plantilla como una animadora regular, encaminada a realizar animaciones clave para Toei Animation y aunque las cosas podrían ser mejor estaba viviendo su sueño.

Las cosas cambiaron con el nacimiento de su primer hijo Goro, para tres años después completar el cuadro familiar con Keisuke Miyazaki, revelando que si bien la vida la había sonreído hasta ahora, las cosas estaban a punto de cambiar.

El trabajo de un animador es demandante, requiere muchas horas en el estudio, incluso pasar noches enteras y la carrera de Akemi no parecía ir a ningún lado en comparación a la de su esposo, a quien le ofrecían crear mangas para Toei, hacer la mascota que hasta hoy en día es su sello y crear su propio estudio de animación junto a Isao Takahata.

La presión y las responsabilidades se acumulaban y Miyazaki es quien toma la decisión: Akemi se quedaría en casa cuidando a los niños, algo que, viéndolo varios años después, el director admitió que no fue lo correcto.

Construye un imperio sin el crédito

Imagen tomada de la cinta 'Hakujaden' con la protagonista más grande y acariciando una flor al aire libre.

Akemi acató la petición de su esposo, despidiéndose de su carrera en 1975, 8 años después del nacimiento de Goro, y desapareciendo de la escena hasta la creación de ‘Kaze no Tani no Nausicaä’.

Para el momento en que Akemi regresa a la mesa de dibujo, sus hijos ya tienen 17 y 14 años respectivamente, cada uno más cerca del momento en que ella comenzó lo que se veía como un futuro brillante.

Al entrar en sus 40, la animadora tenía una segunda oportunidad de regresar y lo hace para ayudar a Miyazaki con la que se considera la primera película de Studio Ghibli, contando la historia de una princesa dispuesta a todo para mantener el equilibrio entre la humanidad y la naturaleza.

A pesar de su gran aporte a la producción poco se habla del trabajo de Akemi, quien también puso sus manos para la animación de ‘Tonari no Totoro’, uno de los éxitos más grandes a nivel global de Ghibli.

Los últimos trabajos de Akemi Miyazaki

Fotografía Akemi, Hayao y Goro Miyazaki en posando frente a la cámara sobre un escenario.
Presentación de Studio Ghibli en 2011 con Akemi, Hayao y Goro Miyazaki con ejecutivos en el escenario.

Hemos hablado de la carrera y vida de Akemi Ota, pero tras trabajar en ‘Tonari no Totoro’ su nombre se diluye en la web, convirtiéndose en Akemi Miyazaki.

Su nombre comienza a ser nada más que un anexo al éxito de su esposo o incluso de su hijo mayor, limitándose a contestar ocasionalmente preguntas de la prensa acerca de sus familiares.

Debido a la tensión que hay entre padre e hijo en la industria, la historia de Akemi se vio eclipsada, dejando tan solo proyectos en los que se ha volcado sin demasiada popularidad.

Uno de ellos es un libro de ilustraciones en colaboración con Ghibli, repleto de bocetos de la vegetación que se encuentra en el bosque que inspiró la historia de Totoro.

 

Disponible en el Museo de Ghibli en Mitaka, Tokio, su venta apoya a la Totoro no Furusato Foundation que busca preservar el hábitat natural de las colinas de Sayama en la prefectura de Saitama, donde Miyazaki concibió al personaje.

Fotografía de la portada del libre de Akemi Ota sobre una mesa de madera.

Fotografía de las ilustraciones en el libro de Akemi Ota sobre una mesa de madera.

Fotografía de las ilustraciones en el libro de Akemi Ota sobre una mesa de madera.

Una figura olvidada y rescatada

Si bien una vida feliz vale más que cualquier objetivo en el ámbito laboral, como amantes de la animación japonesa no podemos dejar de preguntarnos, ¿qué habría ocurrido si Akemi hubiese tomado las riendas?

Con un futuro brillante, una buena posición en un gran estudio y un talento para sostenerse, quizá estaríamos frente a frente con una de las piedras angulares de la industria.

Lo más preocupante es lo eclipsada que quedó su trayectoria para la historia, convirtiendo en una tarea titánica encontrar su legado a diferencia de otras animadoras de la época.

Si no es fácil para Goro Miyazaki caminar bajo la sombra de su padre, uno solo puede imaginar los sacrificios de Akemi para caminar por su propia voluntad un terreno desconocido.

¿Qué opinas de la trayectoria de Akemi Ota? ¿Viste alguna de las películas en las que participó? Cuéntanos en los comentarios.

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