Probablemente uno de los pilares de Dragon Ball como franquicia, a partir del estreno de Dragon Ball Z, es la rivalidad entre Goku y Vegeta.

Desde el momento en que el protagonista de la historia conoció y enfrentó a su principal rival, se desarrolló una relación dual entre ambos guerreros saiyajin, que fue capaz de influenciar al mundo del anime por completo.

En cada serie con un protagonista definido, podemos esperar la aparición de un rival máximo que sea capaz de representar ideales opuestos al del héroe, a pesar de tener características en común.

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Una idea que se transformó en un cliché del anime que continúa en mayor o menor medida hasta hoy, recibe ahora una revisión en las páginas del manga de Dragon Ball Super.

La obra que continúa las aventuras de Goku y los guerreros Z nos lleva a un arco para nuestros rivales predilectos. Siendo entrenados en el planeta de Whis y Beerus para desafiar el poder más allá de los dioses.

Según las enseñanzas de ambas deidades, Vegeta y Goku tomarán direcciones diferentes en cuanto a los estilos que practicarán en el futuro. En representación de cada una de sus personalidades, cada uno tomó un camino especializado para el futuro.

Mientras que Goku ha estado siguiendo el camino del Ultra Instinto, una transformación suprema que domina Whis, Vegeta ha tomado la ruta de Beerus, al tomar uno de los zarcillos del Dios de la Destrucción.

Esto lo coloca como uno de los representantes de estas deidades, recibiendo la prueba de dominar el poder del Hakai y la habilidad de poder romper con las fusiones a voluntad. Con tal diferencia en sus características, todo indicaría que un nuevo combate entre Goku y Vegeta tendría implicaciones diferentes a las que ya hemos visto.

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