Magnavox vs Atari: el primer gran juicio de la industria de los videojuegos

Ya ha pasado un tiempo desde que les contamos la curiosa (y loquísima) historia de Nolan Bushell, uno al que muchos llaman “padre de los videojuegos”. Sin embargo ese no es un título que se gane fácilmente y más cuando hay disidentes afirmando que el verdadero padre es otro: Ralph H. Baer. Por eso les contaremos sobre la turbulenta historia de Pong y el juicio decisivo entre Magnavox y Atari.

Baer tiene una historia de pesadilla que se convierte en sueño, fue un alemán de familia judía que tuvo que irse de su país por la persecución que comenzó a darse contra las personas de su religión. Incluso fue expulsado de la escuela y obligado a asistir a una escuela solo para judíos cuando solo tenía 13 años.

Baer semanas antes de huir de Alemania.
Baer a los 16 años aún en Alemania.

Estudios que dan frutos

Su familia huyó a Estados Unidos 1938 y dos meses después las cosas se pondrían feas en Alemania. En América estudió para ser técnico de radio y completó su formación de manera autodidacta. En 1943 tendría que volver a Europa para ayudar en la guerra contra el Tercer Reich, allí formó parte del servicio de Inteligencia y finalmente su vida empezaría a mejorar en 1948.

Ese año vuelve de Londres e inicia sus estudios como bachiller en ciencias e ingeniero de televisión, era una carrera única en el momento y le sirvió a Baer para volverse importante en Sander Associates. Fue en esa empresa en la que Baer ideó una consola de videojuegos y el primer videojuego mientras esperaba un tren en la terminal de Manhattan. Esto sucedió en 1966, 28 años después de huir de su país.

En su momento era una locura, ¿un circuito que permitiera transmitir imágenes de un aparato a tu TV? Pero su supervisor creyó en él y le asignó dos compañeros y 2500 dólares para desarrollar tal tecnología y luego de siete prototipos lograron crear la Magnavox Odyssey. La primera consola de la historia tenía 12 juegos y se le conocía coloquialmente como “la caja marrón”, porque nada más hay que verla.

Magnavox Odyssey.

De acuerdo con el mismo Baer, solo bastaban 15 minutos en cualquier oficina para que todos quisieran jugar un rato. Poco después la patente era oficial, aún está vigente y se puede leer acá. En marzo de 1971 el concepto de videojuego (sin mencionarlo) pertenecía a Baer y su compañía.

Este ejercicio fue clave porque solo un año después, Atari y lanzaba Pong en arcades e iba se iniciar el lío más grande de la historia de los videojuegos con menos de un año de industria, pero no nos adelantemos.

Bushnell y sus trampas

Baer primero necesitaba conseguir un socio para comercializar a su caja marrón por lo que buscó hasta que Magnavox, que pertenecía a Phillips, dijo que sí y dio luz verde al proyecto de la consola. Honestamente no vendió mal, 350.000 copias estaba muy bien, no había antecedentes.. Pero lo que dio dividendos fueron los pasos en falso de otras compañías como Activision, que se defendió pero aún perdió como todas las demás.

Magnavox lanzó la consola en septiembre de 1972, pero ese verano, como si fuera la primera E3 de la historia, mostró la consola en reuniones a empresarios y medios. Las presentaciones eran privadas pero Nolan Bushell, fundador de Atari y todo un personaje, logró colarse a una de estas presentaciones e incluso jugar.

Baer posa junto a su consola.
Baer posa junto a su consola.

Bushnell era puro ganas y ambición, quizá desmedidas, y contrató a Allan Alcorn, un ingeniero talentosísimo. Bushnell le dio la oportunidad de crear un videojuego y le describió la idea de Pong que vio en la presentación de la Odyssey.

Como muchos saben, Bushnell mintió mucho en los 70. Alcorn confesó luego que no sabía que Pong era una idea robada por lo que él la llevó a cabo. El apuro de Bushell, que le dio dos meses a Alcorn, no eran casualidad, quería estrenar el juego antes del lanzamiento de la Odyssey para cubrirse las espaldas.

El arcade se estrenó en la Andy Capp’s Tavern en Sunnyvale, California un agosto de 1972, un mes antes de que se estrenara la Magnavox Odyssey, el éxito tardó un poco en llegar (muchos inversores veían con malos ojos a Bushnell), pero la popularidad del juego arrasó toda expectativa. Atari gastaba 300 dólares por arcade y las vendía por 1000.

Nolan Bushnell posa junto a Pong.
Nolan Bushnell (centro) posa junto al arcade que da origen al juicio.

Magnavox y la demanda ganadora

La historia de Atari y Bushell ya le hemos contado. Pero en su momento pasamos de puntillas por lo que vino poco después. En 1974 Magnavox demandaba oficialmente a Atari por usar el concepto de Table Tennis (así se llamaba en su consola) para la Atari Pong. Según cuenta el mismo Baer, que a estas alturas podemos considerar como un genio por ser de las pocas que le gana a Bushnell en ser más pillo, Atari terminó pagando 1.5 millones de dólares por la licencia de Pong.

Atari fue al juicio confiada, pero Bushnell no contó con un sencillo detalle. En aquella presentación de la Magnavox Odyssey tuvo que firmar y dar su identificación en la entrada ante el vigilante, allí su nombre quedó anotado y se pudo demostrar que efectivamente Bushnell había visto el prototipo de la consola antes de que se lanzara.

Caricatura de Baer vs Bushnell.
Caricatura de Baer vs Bushnell por Howard Cruse.

Al parecer Atari incluso podía salir de ese atolladero pero era más sencillo pagar la licencia, en ese instante nadaban en dinero así que arreglaron el asunto fuera de la corte. Esto dio paso a que finalmente Pong fuera el primer gran hit comercial de la corta historia de los videojuegos, esto derivó en el auge y caída fortísima de la industria (que luego levantaría Nintendo), pero todo se originó con un inventor alemán en una plaza.

Por si fuera poco, Atari tenía imitadores y todos tuvieron que pasar por caja y pagar a Magnavox. La empresa norteamericana apoyó a Baer desde el inicio y su patente dejaba claro que cualquier “videojuego electrónico” les pertenecía, aunque muchos eventualmente solo debieron pagar los que creaban juegos deportivos al estilo de Pong o similares.

Bushnell vs Baer

Magnavox generó más de 100 millones de dólares en demandas, mucho más de lo que generó con venta de consolas y juegos y el puesto de Baer como padre de los videojuegos se fue consolidando de a poco. Hubo riñas personales entre Bushnell y Baer por el título de “padre”, pero Baer ha dejado claro que no le interesa el debate. En una entrevista a ArsTechnica en 2013, un año antes de su fallecimiento, comentó esto:

“[Bushnell] ha estado contando las mismas historias sin sentido durante 40 años. Simplemente no puede dejarlas ir porque afectan su legado. ¿En cuanto a lo que siento por eso? La vida es demasiado corta para guardar rencores”.

Hoy día es fácil diferenciarlos entre creativo y empresario, sobre todo porque el mérito de Bushnell siempre ha estado en el ver el potencial de negocio, mientras que Baer siempre fue el creativo e inventor. Solo en una ocasión este título se puso en duda y fue por otro juicio con Nintendo.

Ralph Baer.
Ralph Baer junto a la Odyssey en 1972.

Elegido como padre

Como les contamos, Magnavox cobró por regalías a cualquiera que lanzara consolas, arcades o juego parecidos a Table Tennis y Nintendo estaba entre esos que pagaron. SIn embargo, en principio se negaron y, tras la inevitable demanda, se defendieron diciendo que Baer también se había copiado para crear Table Tennis.

Tal acusación tenía algo de fundamento ya que William Higinbotham ideó Tennis For Two en 1958, este ingeniero tenía la idea de presentar los avances tecnológico y la importancia de sus tareas al hacer que un osciloscopio reprodujera imágenes parecidas a las de un partido de tennis, incluso añadió dos controles de aluminio para que dos personas jugaran.

Como era de esperar, la invención revolucionó a todo el instituto de Brookhaven pero luego de la presentación cayó en el olvido. Baer no perdió el título de padre tras las palabras de Nintendo ya que se demostró que el juego de Higinbotham era más analógico que tecnológico, por lo que no podía clasificar bajo la patente de la que se defendía Nintendo.

Lo que sí pudimos saber con esto es que no solo teníamos un padre de los videojuegos, sino también un abuelo y casualmente que ambos pensaron en juegos basados en el ping pong o el tennis. Ciertamente puede que Baer se haya copiado, pero a diferencia de Bushnell, él no dejó su firma por ningún lado.

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