Murata no es uno de los personajes en los que la gente piensa cuando se habla de Kimetsu no Yaiba. Muy probablemente no hay muchas personas familiarizadas con este guerrero.

Pero dentro de Demon Slayer: Kimetsu no Yaiba – Hinokami Keppuutan el joven cazador de demonios tendrá su lugar, al ser mostrado en su propio adelanto para el juego de pelea. Vestido con su uniforme negro y llevando su Nichirin-to, podemos verlo batirse a duelo con Tanjiro.

Como se muestra en la serie, sus habilidades no tienen una paleta de colores llamativa o una respiración notable, sino que lucha con fiereza, intensidad y movimientos de corto y mediano alcance. Lleno de valor y con mucha conciencia, Murata es lo más cercano a un humano consciente en esta historia.

Murata tiene su momento de participación en la primera temporada del anime durante la batalla de las montañas Natagumo, siendo parte de los escuadrones de cazadores de demonios enviados a luchar con una de las 12 lunas. Sobreviviendo a las manipulación de los hilos titiriteros, demuestra sus habilidades para sostener a sus compañeros manipulados hasta ser capturado.

Afortunadamente, es rescatado por la hashira insecto, Shinobu Kocho, manteniendo la conciencia para ser testigo de su poder, así como para sentir vergüenza no solo por su falta de habilidad frente a los pilares, sino por haber perdido su ropa en batalla.

A partir de esta batalla, Murata se convierte en una presencia recurrente en la serie, siempre reaccionando a los progresos de Tanjiro, Inosuke y Zenitsu, así como mostrando su temor hacia los hashira, en especial hacia Kocho. Pero en este título, podremos llevar su valor hasta las últimas consecuencias.

Demon Slayer: Kimetsu no Yaiba – Hinokami Keppuutan, al presentar a este guerrero, sigue una de las tendencias usuales de los títulos basados en animes populares: presentar hasta lo más profundo del elenco de personajes para que tengan su momento de brillo.

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