Uno de los juegos más anticipados de los últimos dos años, extiende su tiempo de espera hasta 2022.

Ghostwire Tokyo, la obra de Tango Gameworks y Bethesda, anuncia su retraso en una publicación oficial. Presentada en su cuenta de Twitter, se explicó a la fanaticada que la demora proviene tanto de lo arduo del trabajo como de ofrecer garantías a sus empleados.

Argumentando que protegen su salud y quieren evitar a toda costa el crunch y trabajo extra, se decidió demorar el estreno del proyecto para un mejor producto final. Aparentemente, las compañías han decidido seguir la estela que dejó Microsoft y 343 Industries con el estreno de Halo Infinite con sus retrasos y, especialmente, evitar el desastre que fuera Cyberpunk 2077.

Aunque hay fans que manifiestan que argumentar que se defiende la salud de los empleados al retrasar el desarrollo de un juego de alto presupuesto, la realidad es que el crunch es uno de los males más nefastos que tiene la industria de videojuegos.

No hay forma de hacer al crunch ético o correcto, por lo que existe un valor real en evitarlo, así sufran los juegos que esperan los fans. Sin embargo, no escapa de nuestra vista la esencia publicitaria de este tipo de anuncios, al tratar de posicionar a las compañías en una actitud de “a nosotros nos importa nuestra gente”.

Una postura necesaria para las compañías de alto presupuesto tras la salida de numerosos escándalos que expusieron una cultura interna que puede ser descrita como putrefacta, y estaríamos siendo generosos con la terminología. La falta de confianza ha hecho que sea necesaria una reconfiguración de lo que pueden ofrecer y como publicitarlo.

No es una ciencia exacta y es una de esas victorias envenenadas para la industria, al representar que si bien se puede evitar el crunch, no debe olvidarse que no es una dadiva corporativa sino el resultado de cuestionar sus prácticas abiertamente.

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