Embark Studios (ARC Raiders) acaba de separarse de su cofundador Rob Runesson después de acusaciones de comportamiento inapropiado hacia un streamer de The Finals. Un divorcio “amistoso” que llega en un momento en el que el ecosistema competitivo del estudio sueco ya está de capa caída.
La salida de Runesson se produce tras testimonios anónimos, inicialmente transmitidos por el streamer Balise, que informan de repetidas solicitudes sexuales hacia un creador de contenido influyente en la comunidad. Las finales. El caso apunta a una dinámica de poder particularmente tóxica, donde la presunta víctima se habría sentido incapaz de rechazar las insinuaciones del manager debido a una dependencia financiera ligada a la promoción de sus streamings por parte del estudio. Esta confusión entre apoyo al marketing y presión privada acabó desencadenando una alerta interna, obligando a Embark a contratar un despacho de abogados para intentar desvincular la realidad de la ficción en documentos que circulan masivamente en las redes sociales.
Bajarse de Embarcar
La respuesta de Embark sigue siendo un modelo de caminar sobre la cuerda floja corporativa. Si bien la investigación externa no pudo «fundamentar» formalmente las acusaciones (término que a menudo permite cerrar un caso sin una acción judicial inmediata), el estudio consideró la situación «insostenible» y anunció la salida inmediata de su cofundador. Este terremoto interno no es un caso aislado para la empresa, que ya había tenido que suspender sus actividades de deportes electrónicos hace algún tiempo tras las acusaciones de comportamiento inapropiado de varios jugadores masculinos hacia las mujeres de la comunidad. Entre la gestión de sus ejecutivos y la limpieza de su ecosistema competitivo, Embark ahora parece más ocupado apagando incendios en los vestuarios que refinando los servidores de sus éxitos de taquilla.