En las orillas del verano, entre algas y rocas, te cruzas con un habitante antiquísimo y sorprendentemente humilde: la esponja de mar. Su cuerpo parece inerte, sin ojos ni boca, pero su biografía es colosal. Lejos de la fama de las medusas, estas formas silenciosas podrían ser el primer animal de la Tierra.
Una firma fósil en rocas muy antiguas
La pista no nació en un acuario, sino en rocas de Omán, India y Siberia. En ellas, los científicos encontraron esteranos de 30 y 31 carbonos, moléculas fósiles de esteroides que resisten al tiempo. Estos compuestos son huellas químicas de membranas celulares, como el colesterol en humanos. En las esponjas, la versión es más larga y rara, un sello bioquímico muy particular.
Los geólogos y químicos trituraron, calentaron y disolvieron las muestras, buscando piezas de un puzle molecular. En esa “sopa” mineral emergieron perfiles de esteranos que coinciden con los esteroides de las esponjas. La coincidencia no es poética: es una firma evolutiva que apunta al origen animal.

Del laboratorio al lecho marino
Para descartar procesos puramente geológicos, el equipo replicó la evidencia en el laboratorio. Analizaron esponjas modernas y hallaron los mismos esteroides, con cadenas largas y patrones distintivos. Luego sintetizaron esas moléculas, las “envejecieron” de forma artificial y compararon con las rocas antiguas. Dos de ocho compuestos coincidieron de manera exacta, un encaje que refuerza la hipótesis biológica.
El resultado no es un capricho de química fina, sino una pieza que encaja en la gran cronología de la vida. Si hubo esponjas en el Néoproterozoico, hubo animales antes de la explosión del Cámbrico. Eso recoloca a estos seres sobrios en el primer capítulo de nuestra historia.
“Las esponjas no ven ni corren, pero su química habla más fuerte que cualquier fósil de hueso: es la memoria silenciosa de un océano primitivo.”
El árbol de la vida, reordenado
Durante años, algunos biólogos defendieron a las medusas como candidatas al primer animal. Las nuevas pruebas favorecen a las esponjas, anteriores a cnidarios, moluscos y artrópodos. Su “simplicidad” no es pobreza, sino una marca de antigüedad. Carecen de tejidos complejos y sistema nervioso, pero dominan el arte de filtrar y persistir.
También se evaluó la posibilidad de que los esteranos provinieran de microbios o vías abióticas. La convergencia de geología, síntesis orgánica y biología molecular reduce esos escenarios alternativos. No es un veredicto final, pero sí un paso decisivo hacia una narrativa más coherente.
El encuentro veraniego que pasa desapercibido
En calas del Mediterráneo o arrecifes atlánticos, ves esponjas adheridas a rocas, con formas de barril, abanico o alfombra. Son ingenieras ecológicas: filtran agua, alojan microbios y ofrecen refugio a pequeños invertebrados. Cuando compras un estropajo “natural”, tocas la herencia de una dinastía que sobrevivió a glaciaciones, impactos y extinciones.
Conviene mirarlas con respeto y cierta prudencia, porque su recolección indiscriminada daña hábitats frágiles. Observar y no arrancar, fotografiar y no tocar, es un gesto mínimo de cuidado costero.
- Observa su diversidad de formas y colores con máscara y tubo.
- Evita manipular o arrancar especímenes vivos.
- Si compras esponjas, busca procedencia sostenible y certificaciones.
- Recuerda que son filtros del ecosistema y piezas clave de la biodiversidad.
Datos clave para llevar a la playa
- Edad de las rocas analizadas: hasta 635 millones de años.
- Molécula fósil identificada: esterano C31.
- Origen probable: ancestros de las demospongias.
- Longevidad récord: más de 11.000 años en algunas especies.
- Métodos: geociencia, biología molecular y síntesis orgánica.
Cuando vuelvas a pisar la arena, piensa en ese cuerpo apacible aferrado a la piedra, bombeando litros de agua salada cada hora. En su quietud hay una hazaña: sostener un linaje que antecede a casi todo lo que hoy respira. Tal vez no deslumbren como los delfines, pero su legado es más antiguo y, en cierto modo, más profundo.
Fuente: “Chemical characterization of C31 sterols from sponges and Neoproterozoic fossil sterane counterparts”, Proc. Natl. Acad. Sci. U.S.A. (2025), estudio liderado por un equipo del MIT.