Acusada de haber inflado deliberadamente los precios de los videojuegos para PC en el Reino Unido, Valve se encuentra sometida a una acción colectiva histórica por valor de 656 millones de libras (o 754 millones de euros). Este procedimiento, apoyado por la activista de los derechos digitales Vicky Shobolt (a través de la plataforma SteamYouOweUs), tiene como objetivo compensar a unos 14 millones de jugadores británicos que se consideran perjudicados por una posición dominante que se ha vuelto, según la denuncia, abusiva.
Si la plataforma de Gabe Newell ha resistido hasta ahora los ataques comerciales de la competencia, es en el terreno regulatorio donde su modelo «todopoderoso» corre el riesgo de tambalearse. En un panorama de 2026 en el que la regulación de GAFAM se ha convertido en una cuestión política prioritaria, esta remisión al Tribunal de Apelación de la Competencia (un pequeño error garrafal de 59 páginas) apunta precisamente a los mecanismos de bloqueo contractual impuestos a los editores. El objetivo es demostrar cómo Valve supuestamente ha distorsionado la competencia global de precios durante más de seis años, impactando directamente en las billeteras de los consumidores más allá de las fronteras de su propia tienda.
Está bien porque no tengo e-Steam propio
En el meollo de la cuestión está la famosa “cláusula de paridad de precios” impuesta por Valve a los editores. Según la denuncia presentada ante el Tribunal de Apelación de la Competencia, el fabricante de Steam Deck obligaría a los estudios a alinearse con los precios cobrados en su plataforma, impidiendo de facto cualquier forma de competencia real de precios en tiendas competidoras como GOG o Epic Games Store. Claramente, para tener derecho a aparecer en el catálogo de Steam -un paso casi obligatorio para aspirar a existir comercialmente en PC- los editores deberían renunciar a ofrecer sus títulos más baratos en otros lugares, incluso si las comisiones cobradas allí son más bajas. Una palanca monopolística que, según los denunciantes, habría mantenido un alto nivel de precios en todo el ecosistema, sofocando cualquier deseo de una guerra de precios beneficiosa para los jugadores.
Si la suma reclamada, alrededor de 44 libras por usuario afectado, puede parecer simbólica a escala individual, el total de 656 millones de libras representa una seria advertencia para la empresa estadounidense. Esta ofensiva forma parte de un movimiento global para regular a los gigantes digitales, donde la histórica comisión del 30% y el control absoluto del ecosistema son cada vez menos percibidos por las autoridades reguladoras. Para Valve, la cuestión va más allá del simple marco financiero: es la estructura misma de sus contratos con los editores la que está bajo ataque. Si la justicia británica estuviera de acuerdo con los demandantes, esto podría crear un precedente en Europa, obligando a Steam a brindar transparencia y flexibilidad de precios de las que se ha desenvuelto muy bien durante dos décadas. E incluso si no se condenara a Valve a pagar una indemnización, una sentencia a favor de los demandantes podría obligar a la plataforma a cambiar de marcha.