El CNC parece haber cruzado el Rubicón de la IA generativa. Con el lanzamiento de un programa de apoyo a la escritura y a las residencias creativas apoyado en la inteligencia artificial, el organismo público espera supervisar el futuro de la producción, a riesgo de subvencionar una tecnología cuyos fundamentos son considerados tóxicos por el sector.
Es un texto que pretende ser tranquilizador, pero que actúa como señal de alerta para la comunidad creativa. El Centro Nacional del Cine y de la Imagen Animada (CNC, que apoya gran parte de la producción francesa de videojuegos, recordemos, en particular a través del crédito fiscal para los videojuegos, cuya existencia está amenazada) acaba de publicar una convocatoria de proyectos titulada «Apoyo a los creadores en los usos exploratorios» de la inteligencia artificial generativa (transmitida por la cuenta lalkemiste en BlueSky). El objetivo es seleccionar residencias capaces de ofrecer un espacio de experimentación artística a autores de cine, audiovisuales y videojuegos. Sobre el papel, la CNC aboga por una “apropiación ética” y “prácticas responsables y virtuosas”. Sin embargo, en las redes sociales, especialmente entre los profesionales del sector, el tono es bien diferente: denunciamos una desconexión total por parte de la institución ante los métodos de diseño de estas herramientas (saqueo de datos, violación de derechos de autor).
AI y CNC, el matrimonio imposible
El gran problema planteado por los creadores se reduce a una palabra: consentimiento. ¿Cómo puede el CNC hablar de un “enfoque virtuoso” cuando la mayoría de los modelos de IA generativa han sido entrenados en bases de datos masivas sin el acuerdo de los autores originales? Para muchos artistas, subvencionar estos usos equivale a validar retroactivamente lo que algunos describen como “el mayor robo de la historia del arte”. El CNC intenta crear un “marco de protección”, pero para los opositores, este marco llega después de la batalla y, sobre todo, corre el riesgo de legitimar la precariedad de las profesiones artísticas.
La institucionalización de esta ayuda por parte del CNC corre el riesgo de alentar el surgimiento de una economía de “empresario experto”, donde las ganancias financieras inesperadas son capturadas por intermediarios y organizaciones de capacitación en lugar de por los propios creadores. Con el pretexto de promover prácticas que describe como “responsables y virtuosas”, la CNC podría, sin saberlo, fomentar un enorme efecto inesperado. Para obtener estas subvenciones, los estudios podrían sentirse obligados a practicar un “lavado de IA”, inyectando artificialmente IA generativa en sus proyectos –incluso sin un valor añadido artístico real– simplemente para satisfacer los criterios de una convocatoria de proyectos centrados en la exploración tecnológica.
Además, al intentar promover una “apropiación ética” de la IA en los espacios de trabajo supervisados, también existe el riesgo de que los estudios reemplacen los perfiles creativos junior, como los artistas conceptuales o los guionistas, por canales automatizados ahora respaldados por el Estado. En un sector ya debilitado por los despidos masivos, estas residencias experimentales colectivas podrían, paradójicamente, servir como laboratorio para una reducción drástica de los costes laborales, transformando el “enfoque artístico” en una simple optimización de los procesos industriales validados por la institución. No estoy seguro de que realmente queramos ver los términos “toque francés” asociados sistemáticamente con el “uso de la IA”…