Lanzado el 13 de septiembre de 1985 en Japón, Super Mario Bros. ha revolucionado la industria de los videojuegos. Cuatro décadas después, el juego de culto de Nintendo sigue siendo una referencia imprescindible, mucho más allá del simple marco de los videojuegos.
En septiembre de 1985, la NES acababa de establecerse en Japón, tras un tímido lanzamiento el año anterior. El juego que cambiaría todo se llamó Súper Mario Bros.fichó a Shigeru Miyamoto y Takashi Tezuka. Cuarenta años después, es difícil imaginar hasta qué punto este título aparentemente simple ha redefinido los contornos del entretenimiento digital e influido en generaciones enteras de creadores. Para muchos, no es sólo un juego: es un lenguaje común, una iniciación cultural, un punto de inflexión.
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El contexto de los resultados es esencial para comprender el impacto de Súper Mario Bros.. A principios de la década de 1980, el mercado occidental de los videojuegos experimentó un colapso brutal, marcado por el famoso “crash de los videojuegos” de 1983. Nintendo, entonces conocida por sus máquinas recreativas (burro kong en 1981), buscó reposicionar su consola familiar, la Famicom, en Japón. Y fue entonces cuando el pequeño cartucho que contenía las aventuras de un fontanero bigotudo y su hermano cambió las reglas del juego, consolidando a Nintendo como líder mundial del sector.
Con sus 32 niveles repartidos en ocho mundos, el juego ofrecía una estructura inédita en aquel momento. El personaje de Mario, ya apareció en burro kong Y mario bros., se convirtió aquí en el héroe de una búsqueda caballeresca que no podría ser más cliché: salvar a la Princesa Peach del terrible Bowser. La secuencia fluida de niveles, asociada a un aumento gradual de la dificultad y a mecánicas precisas (correr, saltar, romper bloques, recoger monedas) sentó las bases del juego de plataformas moderno. El cartucho vendió más de 40 millones de copias, lo que le valió una entrada en el Libro Guinness de los Récords en el año 2000. Un récord que durante mucho tiempo pareció imbatible.
Super Mario Bros. más allá de la NES
A nivel técnico, Súper Mario Bros. marcó un alejamiento de los juegos arcade fragmentados. Ofrecía una narración real a través del juego, sin texto superfluo. Los primeros segundos (Mario avanzando, encontrándose con un Goomba, descubriendo un bloque sorpresa) fueron suficientes para enseñar al jugador todas las reglas fundamentales. Esta “pedagogía invisible” ha sido ampliamente estudiada por los diseñadores de juegos desde entonces y sigue siendo un modelo de absoluta claridad lúdica. Esto es también lo que explica por qué el juego atraviesa generaciones sin perder su fuerza: no necesita ser explicado, se entiende a través de la experiencia directa.
La influencia cultural del título ha ido mucho más allá del ámbito de los videojuegos. Mario se ha convertido en un emblema mundial, reconocido por millones de niños y adultos, hasta el punto de ser hoy más identificable que Mickey, según ciertos estudios difundidos por la AFP. La banda sonora compuesta por Koji Kondo, en particular el tema del primer nivel, ha entrado en el patrimonio sonoro mundial, hasta el punto de ser interpretada en conciertos sinfónicos o utilizada en ceremonias oficiales. Nintendo entendió que un videojuego podía ser mucho más que un simple producto de consumo, sino también convertirse en la puerta de entrada a un mundo de entretenimiento total.

Cuarenta años después, la longevidad de Súper Mario Bros. es una demostración rotunda de la importancia de las bases sentadas en 1985. Nintendo sigue desarrollando la fórmula, con secuelas, spin-offs y adaptaciones cinematográficas (recordemos que Súper Mario Bros. la película (2023), recaudó más de mil millones de dólares en la taquilla mundial). Pero ninguna secuela, por ambiciosa que sea, consigue borrar el poder original del primer juego. Mario no se contenta con ser un personaje de videojuego, encarna una forma de concebir el entretenimiento interactivo, accesible y universal. Y aunque la tecnología ha cambiado, la intuición de Miyamoto y Tezuka permanece intacta: detrás de un solo salto, se esconde la promesa de un mundo entero por explorar.